martes, 21 de julio de 2015

eterno retorno (nota muerta, 2010)

El final feliz se diluye lentamente tras sus ojos cerrados, quedando completamente destrozado en sus labios. Palabras proferidas, exaltadas en sus manos, un montón de desechos dramáticos que no hay dónde dejarlos, aumentan su volúmen como un montón de basura adherente que, al ser expulsado del pecho, se contamina mucho más llenándose de desperdicios que no son ni propios, creciendo indecorosamente. Cuando finalmente puede abrir los ojos ya todo es un desastre; el resultado de una erosión acelerada de un cuento de hadas sin aire.

Se expande la idea de la infamia, de la impotencia, la rabia y finalmente el silencio en la boca que nunca dijo ni dirá nada, quiera o no (seamos honestos, la valentía no siempre es sádica). Se deshace un pétalo en el ácido gástrico recién lanzado como una respuesta que tampoco será oída porque el vómito provocado por el asco de lo destruido no significa demasiado. El ardor en el estómago, una sensación de frío invade su cuerpo, lo paraliza en un suspiro resignado que se congela en sus entrañas, duele. Cualquier cosa es suficiente por estos días y el vómito y el asco dan paso finalmente a la risa, una sonrisa un poco tímida después y luego la nada misma, acaso una mueca. La agitación de la catársis melódica ante la derrota frente a la enfermedad obliga a ser así de drásticos, nunca fue tal cosa, no vale la pena.

Un acorde roto al final de la canción, un espacio vacío en la última nota que causa vergüenza en la mano que no puede dar con el sonido exacto, nunca aprendí a hacer esto y un etcétera de palabras autocompasivas que no sirven de mucho, al final siempre es lo mismo, es difícil encontrar uno realmente definitivo.
La canción se extiende entre tropiezos poco dignos. Un musical de horror, mi estimada, que da paso a una lluvia de flores (vivas) que renueva el alma de todos (pero esto tiene que ocurrir cuando termina, para tomar en cuenta que hay algo mejor que una canción equivocada y mal hecha, tiene que ser así, disculpe usted que insulte su logro). La turbación hace que su vista se fije en el suelo. El silencio toma protagonismo por un rato que es imposible determinar. Lo entiende finalmente y, como siempre, no dice nada, pero sonrie y la sonrisa en sus labios ya no es la misma de antes, ya no emerge de donde mismo, ya no responde a las mismas cosas.

Se explica el porqué de lo difícil de enmendar el caos interior en la composición: una nota errática, demasiado grave. Se toma la decisión: no volverá a aparecer en la partitura. Sacude su regazo con sus manos temblorosas y se pone de pie. Ya es hora. Se despide de su público que estima inexistente y deja el piano intacto y herido inexplicablemente en medio del escenario.

jueves, 11 de junio de 2015

Caso de la vida real.

Esa mañana te pedí plata prestada para el colectivo, salí tarde porque el cansancio era mucho. Me diste el único billete que tenías, que era mucho más de lo que necesitaba.


Volví de la práctica y durante la media hora que pude estar en la casa y verte, tu estuviste viendo el jueguito y no era nuevo. Me enojé tanto y me fui a la pega así, enojada. Eso tampoco era nuevo.
Llegando al metro me di cuenta de que no había gastado tu plata al final y de que había una feria artesanal, después me di cuenta de que gasté toda tu plata en varias cosas, pensando en que me las comprabas tú para disculparte. Pero fue inútil, porque tenía que devolverte la plata igual, porque seguí enojada igual, porque después me dijiste que no entendiste mi enojo. Inútil, igual de inútil que enojarme contigo y esperar que lo entendieras.


Me hubiese gustado que pudieses haber leído esta nota, pero desde ese día que no te digo nada lindo (y con lo que dije ya podría ser del tipo de cosas que ya no te dije más y, en el fondo, para qué).


Si llegas a leer esto, aprovecho de decirte que me sentí súper mal ese día. Me dio cualquier pena, porque esa última media hora que no me diste fue la última media hora en la que los dos nos quisimos un poco entre los dos.

miércoles, 22 de octubre de 2014

actualízame, por la cresta.

la manera más inútil de usar los dedos es para apretar f5 como hoy.

martes, 9 de septiembre de 2014

ley de murphy.

tenis que cabrearte. cabrearte bien cabreada.

martes, 22 de julio de 2014

recuerdo culiao inútil.

de pronto me acordé de aquellos remotos tiempos en que mis recuerdos eran adormecidos mientras pedía que me dieran más fuerte. eran tiempos buenos. recontra-hueones. hoy en día casi no sirve. porque los recuerdos hoy en día tampoco sirven de nada. porque estoy vieja y hay recuerdos que me dan mucho más duro que cualquier hueá tangible.

mear fuera de tiesto fue mi lema. ahora qué hago cuando ya me cansé.
cambio el switch: sé que me voy a arrepentir.

allí va, un nuevo pase gratis a la chucha.

sábado, 12 de julio de 2014

nada que ver.

la sensación penca de saberte pegada.

y en algo inútil. 
la razón es simple: piensas que extrañas a alguien. pero lo piensas un rato y lo notas, es una patética insistencia, recordar momentos peak. pasar por lugares y vivir todo de nuevo, sentir el sol de ese día, el viento de ese día. escuchar el retumbar de tu misma risa en tu pecho, pero no te estás riendo.

y entonces llegas al punto. el punto terrible: echas de menos el recuerdo, quisieras que pudiera volver a pasar esa misma situación una y otra vez. ESA situación, específicamente. no otras. esa, feliz, vibrante. y piensas que esa persona podría proveerte más. pero ahí está la cosa: esos recuerdos y esa persona ya no tienen absolutamente nada que ver.