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viernes, 13 de noviembre de 2015

quizás sea muy pronto.

y quizás debería resguardar un poco la decencia
no comportarme como una pendeja y guardar silencio
pero no puedo, es en estos momentos
en los que debería aprovechar
y hacer mías todas las formas sutiles que existen
de gritarle al mundo entero, incluyéndote a ti
la ebullición del sinsentido y el olvido de las razones,
la fruición no recomendable de saber todo lo que arrastra
el simple hecho de mencionar tu nombre.

aprovechar cada uno de los ecos que evoca,
tengo que aprovechar que ahora siento
que ahora estoy viva y quiero seguir viviendo
que me gusta vivir para haber llegado a esto
de quizás sentir que nos merecemos mutuamente
ahora, en este momento
donde vivir incluye la posibilidad 
de deslizar mis manos y sentirte por completo
observando tu sonrisa y sentirla replicándose en mi boca
en una muy mala copia, pero siempre entusiasta

es en estos momentos cuando debería aprovechar
así que no estoy de acuerdo, no puedo estar de acuerdo
con guardar la compostura que me quitas
todas las veces que te veo a luz y a sombra
desde la inesperada y desesperada sincronía
cruzada por las casualidades forzadas
a sabiendas que algún día iba a estar agradecida de esto.
de verdad, no puedo estar de acuerdo.

así que debería agradecerte por ser
el motivo por el que marco a fuego estos días
la razón por la que pierdo lo que en esta linea digo que estás siendo
pero quizás, sólo quizás sea mejor
no agradecer nada, aprovechar la oportunidad
y sentirme por siempre en deuda
esa vendría siendo, más o menos, mi idea.

martes, 22 de noviembre de 2011

vacante.

Es difícil pensar de corrido cuando uno está así. Pensar en cadena, pensar en cadena. El eslabón perfecto al siguiente eslabón perfecto que haga funcionar un pensamiento en cadena que te lleve a la calma. El pensamiento enfermizo, de que todo debería ser perfecto. Se pide ayuda, se exige la ayuda y se grita, se avisa, se hace expresa la necesidad del aquel eslabón.

Hola, vengo por el aviso. Cuando uno deja un aviso de algo y no sabe de qué se trata no espera que le digan, uno deja el aviso. Entonces tiende a preguntar qué aviso, uno que uno dejó hace tiempo, colgado en algún árbol solo-solo, un aviso de la búsqueda de paz, de la búsqueda de eslabones. Supongamos que ese aviso se encuentra después, desfasado en el tiempo y uno ya no se acuerda del aviso que dejó. Si llega la persona con lo requerido es preciso saber si uno está disponible a aceptar lo esperado o a no aceptar lo olvidado. Vengo por el aviso, señor.

¿Qué aviso? El de arriendo. "Se arrienda habitación para persona trabajadora, joven o vieja, linda o fea, con salida independiente cada vez que la persona quiera". El anciano suspira y pierde su mirada en un pasado desesperado. Su corazón da un pequeño vuelco y se recuerda corriendo, llorando o riendo, gritando un dolor vacío y joven. Entonces el anciano comprende y mira a la joven que sostiene el aviso en sus manos, esperanzada y temblorosa. Da un pequeño respingo y algo en su interior se conmueve, quizás empatía. Y con voz paternal, golpea delicadamente el hombro que ve en frente suyo: Ya no está disponible, señorita. Lo lamento por usted, pero no será un problema, se lo aseguro.

Entiendo. ¿Por cuánto tiempo?

Por siempre...

¿Ve usted aquella mujer sentada ahí? ella arrendó la habitación hace un tiempo, trabajó arduamente y ahora es de su propiedad. Si pudiese avisarme dónde quedan más avisos, dígame porfavor. Debo arrancarlos, junto a ella. Porque este hueco dentro de mi pecho ya no alojará después de ella a nadie, nunca más.

miércoles, 5 de mayo de 2010

rios metafísicos de lluvia metafísica

La lluvia en Santiago no es la misma que en otras partes, no es la misma sensación caminar por un asfalto que se pinta mas oscuro de a poquito, puntito a puntito y luego es como si la lluvia perforara la piel y llegara a enfriar el pecho, es un frío que necesita un "algo", necesita recurrir a algo, a un alguien, a un torniquete que ayude a detener la lluvia que empieza a surgir en el pecho, a veces es una tormenta, a veces un leve llanto, a veces una paradójica sonrisa triste...no es lo mismo ver como llueve en Santiago, uno "necesita" mucho más cuando llueve en Santiago, de noche, así de fuerte, no importa si dura un par de segundos. La melancolía es uno de los venenos más rápidos.

Según yo, todo en Santiago tiene una carga adicional del soledad. O seré yo nomás?

De todas formas, no es tan grande el vacío (ahora). Sé los nombres que debo decir, la retahíla completa que debo recitar cuando la lluvia me duele. He encontrado mi propio torniquete, hecho de nombres, de pañitos de colores, de nubes de azúcar. Y por eso no necesito mayor paraguas que mi acervo de momentos felices, mi paraguas de parchecuritas, mi escudito contra mis fantasmas.

Espero que algún día la lluvia pueda ser algo completamente feliz para mí. Aunque aquel día sabré que sin duda todo en mí se ha invertido.

sábado, 27 de marzo de 2010

no te salves.

...

Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el jubilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

lunes, 22 de marzo de 2010

chiriri.


Chiruliruliruuu~
Universidad is back, y nosotros, los 1st semestre lusers con ella 8).
Hola U...como siempre, te amo mucho y te desafío a que te la podai con mis ganas enoooormes de los chapuzones en tanta cosa linda, que te la podai contra mi patetismo enorme que saldrá a flote en plenitud si algún día me dices que definitivamente valgo callampa como todos sabemos. Sé que alguien mucho mas smart puede estar en mi lugar. Pero mientras sea MI LUGAR...seré feliz y te fastidiaré con mis ideas locas de absorberte por completo (:

domingo, 14 de febrero de 2010

ay, el amor.

a los frustrados, a los descartados, a los felices, a los tristes, a los abandonados, a los difamados, a los incomprendidos, a los eternos, a los volátiles, a los derrotados, a los victoriosos, a los quisieran no pensar en nada más, a los que quisieran sólo pensar en lo demás, a los olvidadizos, a los que no olvidan, a los que ya ni duermen, a los que prefieren dormir, a los que pueden ver todo de otro color, a los que terminan viendo todo mucho más gris, a los que pueden, a los que no, a los que la siguen pensando, a los que viven en recuerdos, a los que prefieren el presente, a los que creen en los bombones y en las rosas rojas, a los que están en el cine, a los que ya ni se ven, a los que ya ni se quieren, a los que consagran cada día por igual, a los que pescan al valentín y a los que no, en fin, a toda la calaña de enamorados, feliz día. nunca está de más el desear un poquito de felicidad, aunque sea un día de esos en los que yo no creo.

martes, 12 de enero de 2010

declaro.

declaro que te creo, aquí y delante del mundo
que puedes contra mí. y conmigo, contra todos.

que ya no hay caso, lo sabes todo, y aunque me duela
no ser tan perfecta, ni tan linda, ni tan pura,
porque sepas lo que hice, lo que hago y lo que haré
me haces feliz, me haces pensar
que el ser ni tan perfecta, ni tan linda, ni tan pura
no está tan horriblemente mal.

y que es un sacrificio válido romper el idilio dorado
de la princesa dormida y el principe azul
truncado por una muñeca rota y un soldadito de plomo
que se enamoraron una tarde y sin que nadie lo notara,
se perdieron para siempre, uno en el otro y el otro en el uno.

declaro que te necesito, que no hay vida sin ti
que encontré en tu nombre no lo que siempre se dice,
no es eso que llaman "lo que siempre busqué".
sino lo que pensé que jamás existiría, lo que deseché
porque era una idea falsa, tonta y sin razón
porque no tenía sentido esperar lo que no viene
y no vendrá nunca, y decidí no esperarte más.

pero te vi un día, y después de mucho, te encontré
y me encontraste, me conociste y me aceptaste,
me abrazaste y me dijiste que no importa ya nada.
y pude descansar, de mí y de todos, contigo en mí.

y entonces declaro que te creo, aquí y delante del mundo
que puedes contra mí. y conmigo, contra todos.


:)

lunes, 19 de enero de 2009

dos de tilo.

...me hacía reír sentirme tan vivo y tan despierto al borde del epílogo.
Julio Cortázar, Reunión.



Sus ojos cansados miraron a su alrededor, miró la taza vaporosa e inmaculada delante de sí. Con una tranquilidad fingida, fingiendo incluso que había alguien a quien pudiera fingirle, tomó la cuchara pequeña y un par de hojas que estaban sobre la mesa.

- Ya está, dos de tilo y pasará -dijo, mirando a la taza como si esta fuera a tranquilizarse con la noticia. Luego, dándose cuenta de que la mentira no convencería ni siquiera a un objeto inerte, su mano se movió ágil y nerviosamente, tomando las hojas que quedaban y virtiéndolas en la taza.

- Cuando me vaya -le dijo- necesitaré mucho de ti. Cuando no esté necesitaré que aún cuando esté lejos, tu respiración le dé sentido a la mía. Cuando por fin pueda alejarme de ti.

Ya poco importaba quién de los dos se había ido, quién había abandonado a quién. Al terminar el día, lo que quedaba era que ella estaba sola, en esa casa tan grande donde sólo había tilo y el aire que a veces, mientras la visitaba, movia alguna cosa, o hacía algun ruido para quizás evitar ella se convenciera de que estaba sola en el mundo.

No siempre la soledad es triste. Ni el abandono -pensó levantándose de la silla. Llenó una vez más la taza y se dirigió al jardin en busca de más hojas. Aquel árbol era especial; nació junto a ella. Sus padres lo habían plantado ahí simbólicamente, para que la protegiese y acompañase mientras ella crecía. Eran ya veintidos años de compañía. Ahora había algo desolador en él.

Ella optó por no pensarlo más, no hubieron lágrimas cuando llegó el último día y no supo como ya había pasado un mes desde que se había arropado de lejanía e indiferencia. Sus sueños utópicos de pronto se acurrucaron en algún vericueto de su mente y ella, sin darse cuenta ni preocuparse, cada noche recurría a su único amigo y luego de tomar su té, cerraba sus ojos sin encontrar nada. Qué iba a encontrar si sus sueños estaban sellados, qué iba a soñar si sus ilusiones y su corazón se habían secado por inanición. Ella no lo notaba. Para ella era más sano mentirse a sí misma y a su taza blanca, todo era más fácil creyendo que la culpa la tenía alguna cosa no-poética.


En su reflejo notó las ojeras, sus ojos enrojecidos, su cuerpo escuálido. Acarició su rostro, su cuello. Dejó caer el cabello sobre sus hombros. Se dijo unas frases de consuelo que nadie cree y sonrió tratando de creerlas.
De nada servía un consuelo, era demasiado tarde para acariciar un montón de trizas en el suelo.

viernes, 26 de octubre de 2007

sinceramente.

Soy una cabra chica. Que quiere escribir novelas, pero no le resultan. Así que las vive. Se las inventa cada día. Cada día sufre por una dolencia nueva en su corazón imaginario de heroína inventada e imposible, que tiene una vida utópicamente deseable porque sufre, pero no se debe a nadie. Soy una cabra chica que escribe de noche y actúa de día. Que se alucinó con los personajes que no sentían, con ser robot, con ser inerte y fría, con la perfección entre comillas sentimentalmente hablando y esa perfección está en querer de la boca para afuera, decir sin sentir y olvidar sin remordimiento. Entonces mira a los demás a los ojos frívolamente como si no le importara, bosteza y dice “y ahora qué”, da media vuelta y se va haciendo sonar sus taco-aguja en el silencio de la noche. Pero hace falta un solo pestañeo para que el escote de su vestido le parezca indecente y su paso se vuelva torpe y recuerde que nunca aprendió a andar con tacos y el collar de perlas le quede grande y la haga tropezar y caer y comience a llorar porque no le resulta el papel de insensible y se le mancha la cara con el maquillaje negro que escurre y chorrea en sollozos frustrados. Esa heroína que siempre quiso ser puede que sea posible, pero como una segunda vida, que, como siempre en las sagas marvelianas; es inestable. Siempre está a punto de derribarse a punta de sentimentalismos. Y ese es el brillo de ser heroína, la posibilidad de dejar de serlo. De desaparecer para saber si a alguien le importa.
Siempre estoy por renunciar. Siempre quiero dejar la falsedad de ser y no estar, de estar. De la ausencia en el sin sentido de verme en el espejo como quise estar y que eso me haga mal. Que esté yo siempre detrás del vidrio herméticamente encerrada golpeando impotente y afligida para cuidar lo intocable que mi heroína, tal como yo concebí, viola y ultraja sin piedad. Eso que merece mi cuidado y mi terror es mi ave fénix, que renace de sus ruinas para volar alto; mi amor aporreado por el viento, el tiempo y la tristeza. Mi fuego entorpecido por el agua fría del razonamiento. Pero mi amor es un amor perseverantemente tonto, es un amor que se niega a todo tapándose los ojos que no están donde deberían, pero debe aparentar que tiene la capacidad de ver como para que aún sea válido entre los demás y cause algo más allá de una carcajada o una frase de lastimera compresión misericordiosa, porque se cegó hace algún tiempo, se sacó los ojos para no ver que se estaba quedando solo y ahora no le importa parecer tonto. Y me deja a mí buscando cariño tan desesperadamente que no me importa que me traten como la peor puta con tal de sentirme importante. No me importa disfrazarme y jugar a enamorarme por una media hora, amar por cinco minutos, dar mi vida en dos segundos. Y que en esa levedad me pueda sentir bien cuando vuelva a ser yo, recordando los instantes en que me sentí querida. Pero esta vez revivo esos instantes como la ilusa y cuando el vacío evidente de sentimiento llega, mi imaginación inconcebiblemente indigente se encarga de llenar de ternura inusitada, inasequible para mi persona todo lo que nada de eso tiene. Y no sé cómo salirme de la historieta. Porque mi heroína lo que menos tiene es un héroe con el que pueda tener un final feliz como yo espero mientras estoy aquí dentro de mi utopía romántica. Pero yo la creé así. Independiente. Como yo no puedo ser ni de ella ni de nadie.

jueves, 2 de agosto de 2007

some lazy words

Tengo miedo, a veces, de que en mis cartas no haya tanta nobleza como para sostener su respuesta.
Me he criado como inválido de expresión comunicativa, me he rodeado de una cierta atmósfera secreta, y sufro una verdadera angustia por decir algo, aún solo conmigo mismo, como si ninguna palabra me representara, y sufriendo enormemente por ello. Hallo banales mis frases, desprovistas de mi propio ser.

No saco nada con culpar a nadie por el hecho de no poder decir nada de tanto querer decir tantas cosas, soy una cabra chica completamente impresionada con lo que se le pasa por delante, tantos colores, tantas caras y tanto movimiento en este mundo, no dejo de sorprenderme por lo que veo, siento etc., soy una pendeja con tantas ganas de decir lo que me gusta y lo que no, pero (no sé si será por desgracia) no tengo lengua o si la tengo pero no sé ocuparla como me gustaría, mis gestos se confunden con el movimiento del mundo y pareciera que simplemente me siento a ver que las cosas pasen. Soy una adolescente, nada me quita esa cualidad y, desgraciadamente, (ahora sí que sí) ni hoy ni mañana tendré nada que decir. Todo lo que ha pasado me ha dejado con la boca abierta y, como dijo otro caballero muy distinto a Borges que es muy a mi pesar de quién saqué las palabras en cursiva, dudo que pueda volver a cerrarla. De mí no volverá a salir otra palabra cuerda hasta cuando mi cerebro así lo quiera (y digo “volverá” con la esperanza de que alguna vez haya dicho algo cuerdo). Todo me parece tan raro o tan normal que no saco nada con explicarlo, es
como correr tras mi propia sombra que a veces ya no es ni mía. Por su atención, muchas gracias.