el ir y venir de la rapidez vertiginosa
húmeda, cada vez más húmeda
la sangre comienza a correr bajo la piel,
a responder a un respirar pesado que se acerca
comienza y termina la cadencia, el ritmo
lo exacto, lo perfecto, lo continuo y entonces
una lengua carnívora diluyéndose en saliva
y en jugo ácido y amargo propagándose,
en unos ojos cerrados que se abren
y se encuentran con los míos, más arriba
más despacio, más rápido, más rápido
con mi boca que se desencaja
en una sonrisa casi diabólica, mientras
oprimo asfixiante: más rápido, más rápido
y los ojos se cierran otra vez, con la imagen
de la mariposa sucia entre tus brazos y mis piernas.
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viernes, 23 de diciembre de 2011
miércoles, 19 de mayo de 2010
buongiorno, principessa.
When I feel the warmth of your very soul I forget I'm cold and crying,
When your lips toch mine and I lose control, I forget I'm old and dying...
When your lips toch mine and I lose control, I forget I'm old and dying...
Damaged People, DM.
La lluvia indica que ya no queda mucho tiempo por esperar, siento tu olor acercarse, nos separan cuadras y cuadras, siento tu olor, tu calor, desesperadamente me tiendo en la alfombra. Buscando alguna entretención que aligere el peso de los segundos, mis manos descienden por mi cuerpo, me pierdo por un leve instante de la yo que te espera, que siente la lluvia caer y se desespera por tenerte. A medida que te acercas, que las cuadras que nos separan disminuyen, que tu olor se siente más intensamente, mi ansiedad, rapidez y brusquedad en mis movimientos aumentan, ya casi puedo percibir tu calor tan cerca que me quema. Suena la puerta, me buscas y me encuentras, puedo percibir una sonrisa deliciosa en tus labios. Mis ojos cansados y felices te miran. Me levantas bruscamente, te susurro un "te necesito" entrecortado, me llevas fuera, dejas que la lluvia moje nuestros cuerpos (sin enfriarlos jamás). Con una rabia y fuerza extraordinarias quitas todo lo que me cubre, como un niño al recibir un regalo esperado, me desnudas, rompes mi ropa, mi rústico envoltorio de regalo, escucho tu ropa rasgarse, la lluvia es torrencial, la noche nos cubre amablemente.
Te miro violentarme, me miras fijamente y por primera vez tu mano se acerca a mi cara, me acaricias y quitas suavemente mis anteojos, los dejas caer. En silencio, siempre en silencio, me dices todas las cosas que necesito saber, mis preguntas, dudas y tristezas poro a poro se desvanecen en tu piel. Tus movimientos firmes, decididos y fuertes me tienen absorta, pensé que no vendrías, pensé que habías olvidado la lluvia de hoy.
Me tomas, me giras, me posees. Tu torso desnudo que adivino, las gotas de lluvia mezcladas con tu sudor que siento caer en mi espalda, estoy fuera de mí, jadeo, gimo, grito. Los colores cambian, hacen figuras extrañas en mis párpados. Al abrir mis ojos veo tu figura, iluminada preciosamente por la luna, brillante por las gotas de lluvia, tus mejillas sonrojadas. Reconozco entre culpable y orgullosa un chispazo de aquella inocencia con la que te conocí, la cual no demoré en arrebatar en vaivenes. Vuelves a sonreír, esta vez tímidamente.
Me tiendo en el pasto, suspiro mientras te miro, veo cómo el calor de nuestros cuerpos se evapora. Me acerco a tu boca, la beso, vuelvo a perder la noción del tiempo entre la saliva cálida, las lenguas que se embisten, vuelvo a sentir aquella presión de tus caderas, como si quisieran unirse a las mías golpeándolas cada vez más fuerte. Me aferro a tu espalda, escucho tus suspiros, los relámpagos adornan ya barrocamente la escena de éxtasis de lluvia, carne y fuego entre nosotros, en aquel pequeño espacio entre mi ingle y tu cadera que conforma el infierno más placentero al que podemos aspirar en este mundo. Sometida a ti, entregada a ti, cuando te siento dentro y fuera de mí, cada vez más adormecida, más sin aliento, sintiendo aquel dolor que adoro en mi interior, tu sexo rasgandome, llevándome a la inconsciencia, aquel dolor que quema y aturde mis sentidos, que me llena de placer cansado e inconmensurable, agitado, de respiración y latidos rápidos.
Caemos al pasto, ya sin aire. Tomas mi mano, me acerco a tu pecho. Siento tu latir, la lluvia, mi cuerpo entumecido, mi interior aún ardiendo. Beso tus mejillas, tu frente, acaricio tu pecho, deslizo suavemente mi lengua sobre ti, mis dedos suben y bajan, el rito culmina en una sístole y diástole que poco a poco se tranquiliza bajo una leve llovizna...
Despierto junto a una estufa encendida, una taza de té y tostadas en una bandeja en frente mío junto con una sonrisa cómplice de quien la sostiene. Mi cabello aún está mojado, me incorporo lentamente, me duele todo el cuerpo y una sonrisa inadvertida se me escapa. Aquella sonrisa cómplice se acerca, sus dedos acarician mi chasquilla, siento besos suyos en todo mi rostro y luego me mira por un rato prolongado. Cuando nota que por fin he despertado del todo, escucho por primera vez en mucho tiempo su voz: "Buongiorno, principessa". Me rio. "Buenos días, príncipe. Con dos de azúcar, porfavor".
Te miro violentarme, me miras fijamente y por primera vez tu mano se acerca a mi cara, me acaricias y quitas suavemente mis anteojos, los dejas caer. En silencio, siempre en silencio, me dices todas las cosas que necesito saber, mis preguntas, dudas y tristezas poro a poro se desvanecen en tu piel. Tus movimientos firmes, decididos y fuertes me tienen absorta, pensé que no vendrías, pensé que habías olvidado la lluvia de hoy.
Me tomas, me giras, me posees. Tu torso desnudo que adivino, las gotas de lluvia mezcladas con tu sudor que siento caer en mi espalda, estoy fuera de mí, jadeo, gimo, grito. Los colores cambian, hacen figuras extrañas en mis párpados. Al abrir mis ojos veo tu figura, iluminada preciosamente por la luna, brillante por las gotas de lluvia, tus mejillas sonrojadas. Reconozco entre culpable y orgullosa un chispazo de aquella inocencia con la que te conocí, la cual no demoré en arrebatar en vaivenes. Vuelves a sonreír, esta vez tímidamente.
Me tiendo en el pasto, suspiro mientras te miro, veo cómo el calor de nuestros cuerpos se evapora. Me acerco a tu boca, la beso, vuelvo a perder la noción del tiempo entre la saliva cálida, las lenguas que se embisten, vuelvo a sentir aquella presión de tus caderas, como si quisieran unirse a las mías golpeándolas cada vez más fuerte. Me aferro a tu espalda, escucho tus suspiros, los relámpagos adornan ya barrocamente la escena de éxtasis de lluvia, carne y fuego entre nosotros, en aquel pequeño espacio entre mi ingle y tu cadera que conforma el infierno más placentero al que podemos aspirar en este mundo. Sometida a ti, entregada a ti, cuando te siento dentro y fuera de mí, cada vez más adormecida, más sin aliento, sintiendo aquel dolor que adoro en mi interior, tu sexo rasgandome, llevándome a la inconsciencia, aquel dolor que quema y aturde mis sentidos, que me llena de placer cansado e inconmensurable, agitado, de respiración y latidos rápidos.
Caemos al pasto, ya sin aire. Tomas mi mano, me acerco a tu pecho. Siento tu latir, la lluvia, mi cuerpo entumecido, mi interior aún ardiendo. Beso tus mejillas, tu frente, acaricio tu pecho, deslizo suavemente mi lengua sobre ti, mis dedos suben y bajan, el rito culmina en una sístole y diástole que poco a poco se tranquiliza bajo una leve llovizna...
Despierto junto a una estufa encendida, una taza de té y tostadas en una bandeja en frente mío junto con una sonrisa cómplice de quien la sostiene. Mi cabello aún está mojado, me incorporo lentamente, me duele todo el cuerpo y una sonrisa inadvertida se me escapa. Aquella sonrisa cómplice se acerca, sus dedos acarician mi chasquilla, siento besos suyos en todo mi rostro y luego me mira por un rato prolongado. Cuando nota que por fin he despertado del todo, escucho por primera vez en mucho tiempo su voz: "Buongiorno, principessa". Me rio. "Buenos días, príncipe. Con dos de azúcar, porfavor".
martes, 12 de enero de 2010
declaro.
declaro que te creo, aquí y delante del mundo
que puedes contra mí. y conmigo, contra todos.
que ya no hay caso, lo sabes todo, y aunque me duela
no ser tan perfecta, ni tan linda, ni tan pura,
porque sepas lo que hice, lo que hago y lo que haré
me haces feliz, me haces pensar
que el ser ni tan perfecta, ni tan linda, ni tan pura
no está tan horriblemente mal.
y que es un sacrificio válido romper el idilio dorado
de la princesa dormida y el principe azul
truncado por una muñeca rota y un soldadito de plomo
que se enamoraron una tarde y sin que nadie lo notara,
se perdieron para siempre, uno en el otro y el otro en el uno.
declaro que te necesito, que no hay vida sin ti
que encontré en tu nombre no lo que siempre se dice,
no es eso que llaman "lo que siempre busqué".
sino lo que pensé que jamás existiría, lo que deseché
porque era una idea falsa, tonta y sin razón
porque no tenía sentido esperar lo que no viene
y no vendrá nunca, y decidí no esperarte más.
pero te vi un día, y después de mucho, te encontré
y me encontraste, me conociste y me aceptaste,
me abrazaste y me dijiste que no importa ya nada.
y pude descansar, de mí y de todos, contigo en mí.
y entonces declaro que te creo, aquí y delante del mundo
que puedes contra mí. y conmigo, contra todos.
:)
que puedes contra mí. y conmigo, contra todos.
que ya no hay caso, lo sabes todo, y aunque me duela
no ser tan perfecta, ni tan linda, ni tan pura,
porque sepas lo que hice, lo que hago y lo que haré
me haces feliz, me haces pensar
que el ser ni tan perfecta, ni tan linda, ni tan pura
no está tan horriblemente mal.
y que es un sacrificio válido romper el idilio dorado
de la princesa dormida y el principe azul
truncado por una muñeca rota y un soldadito de plomo
que se enamoraron una tarde y sin que nadie lo notara,
se perdieron para siempre, uno en el otro y el otro en el uno.
declaro que te necesito, que no hay vida sin ti
que encontré en tu nombre no lo que siempre se dice,
no es eso que llaman "lo que siempre busqué".
sino lo que pensé que jamás existiría, lo que deseché
porque era una idea falsa, tonta y sin razón
porque no tenía sentido esperar lo que no viene
y no vendrá nunca, y decidí no esperarte más.
pero te vi un día, y después de mucho, te encontré
y me encontraste, me conociste y me aceptaste,
me abrazaste y me dijiste que no importa ya nada.
y pude descansar, de mí y de todos, contigo en mí.
y entonces declaro que te creo, aquí y delante del mundo
que puedes contra mí. y conmigo, contra todos.
:)
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domingo, 10 de enero de 2010
misantropía y qué tanto.
ahora que lo pienso (y veo), después de años y años de bloggerío, lo único que se mantiene es la irrelevancia de los comentarios. si alguna vez existieron, estuvieron re-fondeados y ahora no habrá ni eso. me niego a abrir de esa forma este pequeñito espacio interior público que se mira, pero no se toca.
me niego nomás pos. porque me importa, sinceramente, callampa lo que me tenga que decir la gente. así, bien finamente, me importa caca. siempre he preferido que la gente se quede piola (detesto la bulla, los gritos, soy capaz de estallar encontrándome dentro de un tumulto ruidoso) y esta es mi forma de demostrarlo.
es mi humilde manera de ponerle un sopapo en la boca a todo aquel que quiera decir algo (obviamente, tampoco soy tan sorda ni tan hueona, la gente que me importa puede decirme cosas, si me las quiere decir. hay espacios que les entrego a todos ellos para esa instancia. los excluidos son obviamente los que no cuentan con mi apoyo atencional y no están invitados a la fiesta de mi sinápsis bacanísticamente leve y quedan relegados al oscuro y amplio espacio de mi completo y maleducado veto presencial, visual, lector, auditor, etc.)
y es que en serio, si hay algo bakán que me ha enseñado la vida, es a no pescar.
hueón, el mundo está lleno de gente que quiere cagarselo a uno y hubo un tiempo en que me envenenaba el cueeerpo, loco, me lo envenenaba con la sangre y todo y me calentaba la cabeza cuestionándome qué cresta le hice al mundo. pero no sé, uno hace cosas malas que te pegan el karma como si uno se estuviera tragando el oxigeno, es inevitable. y si el oxigeno te hace envejecer, pero te permite vivir, algo parecido me pasa con la cosa karmática de no ser un pan de dios exactamente.
entonces uno tiene que andar lidiando con eso que supuestamente es vivir en sociedad. yo me paso por donde quiero todo eso, mi círculo de amigos es casi un pentágono, no tiene muchas direcciones, sabih, no es infinito como el círculo. y con eso me basta, no me importa nadie más que exista en el mundo aparte de ese pentágono y el edgar y mi nucleo familiar (con mucha suerte).
y qué tanto, no le hago daño a nadie con esto si respetan mis ideas hurañas de la vida y las reconocen como válidas (sino, hay problemas y esos problemas se transforman en una automático barco pirata), todos saben lo jodida que soy con esto de los "lazos", me cuesta mucho creerle a alguien, y mucho más quererlo. soy cerrada, antisocial y lo que quieran. nadie me quiere, todos me odian y yo soy rebelde porque el mundo me hizo así.
los odio a todos, sépanlo.
me niego nomás pos. porque me importa, sinceramente, callampa lo que me tenga que decir la gente. así, bien finamente, me importa caca. siempre he preferido que la gente se quede piola (detesto la bulla, los gritos, soy capaz de estallar encontrándome dentro de un tumulto ruidoso) y esta es mi forma de demostrarlo.
es mi humilde manera de ponerle un sopapo en la boca a todo aquel que quiera decir algo (obviamente, tampoco soy tan sorda ni tan hueona, la gente que me importa puede decirme cosas, si me las quiere decir. hay espacios que les entrego a todos ellos para esa instancia. los excluidos son obviamente los que no cuentan con mi apoyo atencional y no están invitados a la fiesta de mi sinápsis bacanísticamente leve y quedan relegados al oscuro y amplio espacio de mi completo y maleducado veto presencial, visual, lector, auditor, etc.)
y es que en serio, si hay algo bakán que me ha enseñado la vida, es a no pescar.
hueón, el mundo está lleno de gente que quiere cagarselo a uno y hubo un tiempo en que me envenenaba el cueeerpo, loco, me lo envenenaba con la sangre y todo y me calentaba la cabeza cuestionándome qué cresta le hice al mundo. pero no sé, uno hace cosas malas que te pegan el karma como si uno se estuviera tragando el oxigeno, es inevitable. y si el oxigeno te hace envejecer, pero te permite vivir, algo parecido me pasa con la cosa karmática de no ser un pan de dios exactamente.
entonces uno tiene que andar lidiando con eso que supuestamente es vivir en sociedad. yo me paso por donde quiero todo eso, mi círculo de amigos es casi un pentágono, no tiene muchas direcciones, sabih, no es infinito como el círculo. y con eso me basta, no me importa nadie más que exista en el mundo aparte de ese pentágono y el edgar y mi nucleo familiar (con mucha suerte).
y qué tanto, no le hago daño a nadie con esto si respetan mis ideas hurañas de la vida y las reconocen como válidas (sino, hay problemas y esos problemas se transforman en una automático barco pirata), todos saben lo jodida que soy con esto de los "lazos", me cuesta mucho creerle a alguien, y mucho más quererlo. soy cerrada, antisocial y lo que quieran. nadie me quiere, todos me odian y yo soy rebelde porque el mundo me hizo así.
los odio a todos, sépanlo.
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