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domingo, 21 de febrero de 2016

rizoma.

"las plantas con rizomas son perennes, pierden sus partes aéreas en climas fríos, conservando tan sólo el órgano subterráneo que almacena los nutrientes para la temporada siguiente."



existe un momento determinado en el que desciendo al presente y comprendo que todo lo que he venido haciendo ha tenido un sentido determinado. en ese instante abrumante dejo de pensar en el futuro, en todas las precauciones, dejo de tener miedo, de tener los mil y un motivos para protegerme de las eventualidades y soy -por fin- un poco libre de mis cuidados. 

a veces esa situación me lleva a darme cuenta de que todo está increíblemente bien y esas veces son escasas, muy escasas.


navidad del 2015, el movimiento de un auto y mi mano entrelazada con la de alguien que, un rato antes, me había dedicado una de esas sonrisas que cuesta sacarse de la cabeza. mis ojos bajan y se entretienen en esa imagen de matices naranjos que aparece y desaparece entre las luces de los postes que pasamos, a lo lejos oigo su voz, interactuando en una cadencia angustiosa con alguien más y al rato me acostumbro al sonido en la contemplación de esos segundos, cada vez más lejos de la conversación, pero cada vez más consciente de mi sentir actual y de pronto estoy ahí, suspendida en el presente, percibiendo en ese preciso instante lo que había pasado, lo que estaba pasando: ya no me sentía sola, ya no estaba sola.

me doy el trabajo de querer inmortalizar el momento, tomando fotos que finalmente no resultaron satisfactorias, pero era una labor difícil. cómo podría pedirle a una imagen condensar la paz y alivio que sentí cuando inesperadamente entendí que lo que estaba sintiendo era una fe casi ciega y completamente fundamentada. que ya estaba dentro de la alegría campaneante de saberme unida a alguien por decisión propia e irrevocable, que al otro lado de mi mano estaba quien había tomado posesión de la mayor parte de mis risas, sonrisas y pensamientos, una mano que ya había recorrido probablemente todo mi cuerpo con propiedad deshauciadora desde-el-primer-momento. no existía mejor forma de condensar la situación más que sonreir y cerrar los ojos, de vez en cuando, mirando el paisaje que me mostraba el alumbrado público, aguantando el mareo sentimental, bancándome la embriaguez conocida, pero que no me visitaba hace años. estaba feliz, estaba plena, no tenía mucho más que pedir.


y, unos meses después, sigo igual.


martes, 11 de agosto de 2015

espiralcito.

yo cacho que esto es suficiente, la sobrecarga suficiente.

es verdad, muchas cosas me importan cada vez menos
y es verdad, pareciera ser que eso era una mentira.
una mentira que puse como una especie de sello en cada una de las puertas de lo que
siempre-supuse-que-era-yo: un manojo de sentimientos sin dirección específica.
pero puta, a veces me pongo dramática y pienso que en volá, sólo en volá
yo no soy así
o que las cosas no son así
o que en verdad no hice eso
o que en verdad no era lo mejor que podía hacer
pero el día en que pueda contemplar TODAS las posibilidades y elegir la mejor---
va a ser el día del pico.

o en volá este sufrimiento gratuito es una pura paja mental
por la que estaré agradecida dentro de un tiempo,
cuando no tenga tiempo para sentirme mal por nada.
Y DIGA OYE QUÉ GANAS DE ESTARME HUEVEANDO LA MENTE POR COSAS ASÍ.
no tengo ni la más remota idea.
en el fondo sí la tengo, been there.
qué ganas.
en el fondo todo se condensa a la idea de que ahora me estoy sintiendo así
y mañana no sé qué hueá.
mañana voy a reaccionar distinto y pensar distinto y todo esto será una basura.
tendré 30 y leeré esto y seguiré sintiendo que soy la misma
pero que algo cambió, pero que no fue lo suficiente y sigo haciendo hueás
como si dejar de hacer hueás fuese lo más bacán a lo que uno pueda aspirar,
como si eso resolviese todas las cosas
como si dejar de hacer hueás me asegurase sonreír todos los días, todo el día
como si sonreír todos los días, todo el día fuese lo más bacán a lo que uno pueda aspirar.

no sé, igual.
no tengo idea y no quiero pensar en ello.
escribir nomás, en volá.
para después venir, leerme y sentir que ya no tengo que escribir sobre ello,
porque ya lo hice
porque ya lo pensé y pucha, tomé nota y eso es suficiente.
quizás modificar un par de cosas
hacer que mis palabras suenen un poquito más bacanes
un poquito más como-que-he-vivido-más.

y no sé por qué le doy tantas vueltas
si nada de esto va a durar más de 5 años
porque todos se van.
yo nomás, en volá y mis vueltas de carnero en mi cabeza,
arrasando con el diógenes enfermo que colecciono ahí dentro, no sé.
no sé por qué le doy tantas vueltas,
y no sé por qué le doy tanto color. si cuando me despierte, el dinosaurio va a seguir aquí.
ASÍ QUE QUÉ TANTA HUEÁ con el sufrimiento.

viernes, 23 de diciembre de 2011

cadencia.

el ir y venir de la rapidez vertiginosa
húmeda, cada vez más húmeda
la sangre comienza a correr bajo la piel,
a responder a un respirar pesado que se acerca
comienza y termina la cadencia, el ritmo
lo exacto, lo perfecto, lo continuo y entonces
una lengua carnívora diluyéndose en saliva
y en jugo ácido y amargo propagándose,
en unos ojos cerrados que se abren
y se encuentran con los míos, más arriba
más despacio, más rápido, más rápido
con mi boca que se desencaja
en una sonrisa casi diabólica, mientras
oprimo asfixiante: más rápido, más rápido
y los ojos se cierran otra vez, con la imagen
de la mariposa sucia entre tus brazos y mis piernas.

miércoles, 18 de febrero de 2009

tragedia opcional.

Los pasos agitados, el corazón latiendo desaforadamente, corriendo del miedo, con miedo dentro. No volverá a pasar, se dice una y otra vez mientras sus ojos tratan de sellarse a las lágrimas que brotan sin parar. Sus ojos se cierran sin tomar en cuenta que corre por un lugar desconocido, no importa tropezar, está claro que nadie corre detrás, no está corriendo por eso. La noche esconde su huída, esconde su rabia, su dolor.

Ya basta de mí, de ser yo quien arruine todo. No volveré a contar la historia de la vez en que mi vida se pudrió junto a otra, jurando que eso era lo que todos llamaban amor, ¡ya basta! Su monólogo entrecortado por jadeos va dejándose caer por el camino, ornamentando de palabras grises y crispadas las casas que presencian en el momento fugaz de su pasar. La vista está cada vez más borrosa, su cuerpo entero palpita, siente que su corazón ha crecido dentro de su cuerpo, siente que no es un palpitar, son patadas, son golpes. Su corazón está golpeando desde dentro.

Se sienta en un rincón. Estoy tiritando, me duele el pecho. Acá dentro ya no hay cordura, ya no hay razones, ya no hay un sentido, todo me está abandonando. En sus ojos cerrados no hay más que una imagen, la última imagen donde aquella persona quedó detrás de sus pasos. No, de nuevo no. No puedo seguir corriendo de esto, seguir hiriéndome, seguir siendo un montón de espinas con sentimientos dañados dentro. La pérdida vuelve a sus brazos, vestida de violeta. La reconoce de inmediato, le sonríe cansadamente. Lentamente, se acerca y muestra su rostro pálido poco antes de entrar en su pecho causándole una punzada fría y certera. Entonces, levantándose en seco, sus ojos se abren bruscamente. Y si también huyó, y si mi intento es en vano. No me importa.

Sus pasos buscan el camino que a tientas usó para huir de esa ausencia. Llega a la avenida donde ellos dejaron de ser lo que eran. Entre los árboles se dibuja una silueta lejana, su corazón da un vuelco y late, late cada vez más fuerte. Corre sin darse cuenta de que está corriendo, sin cansarse, sin sentir dolor en su cuerpo, el cansancio de su corazón. La silueta sigue alejándose, desapareciendo. Grita su nombre. Una vez, dos veces. Una tercera vez que es un aullido desgarrador que convoca a esa silueta, haciendo que aquella silueta remota se detenga. Sus piernas no han dejado de correr y de pronto ya está cerca, ya está sintiendo el calor de su pecho. “Ya pasó”, le dice tiernamente, y eso provoca una sonrisa de tranquilidad en sus labios trémulos. Su respiración agitada relata una vida corriendo de temores, y un momento de desesperación terrible anterior, cierra los ojos para enjugarse las lágrimas. “Mírame”, le dice y sus ojos se abren. Pero no logra ver nada, sin aliento aún, sollozando trata de explicarle. Le pregunta qué ocurre, la exasperación es horrible y su voz no logra articular una sola palabra. Se aferra a su pecho, tiritando más que nunca de miedo, escucha sus palabras cada vez más exaltadas, le gustaría poder explicarle, si tan sólo supiera qué está pasando.

No ve, no puede ver nada, ni decir nada. De pronto ya no oye, no siente su calor. Ni el suyo propio. Busca un latir dentro, pero es demasiado tarde como para darse cuenta de que su corazón explotó en miles de pedazos que cayeron sobre el piso poco antes de llegar a sus brazos. Tantos pedazos que nadie lo notaría jamás. Ni aquella persona que abraza su cuerpo sin respuesta alguna, que sacude su cuerpo sin cesar. Que dice su nombre en su oído, aquella persona no podrá notar el momento exacto en que el último pliegue de su cerebro desapareció. No entenderá nunca que murió de miedo, un miedo frío en su pecho causado por la pérdida violeta asfixiando su amor, un miedo que ni su presencia tardía pudo calmar.

viernes, 3 de octubre de 2008

existencia espumosa

Hay días en que la falta de voluntad me la gana. En que me siento completamente negligente de capacidades y siento que algo de mi poco a poco se va deshaciendo. Me siento tan vacía, con una vida tan frágil y leve, con una importancia nula en el espacio. A veces trato de ser más que esto que me siento y es como si desde dentro de mi cascarón tratara de impulsar que este sea más fuerte y no se rompiera al más leve intento, con resultados letales para mi integridad. Pero no he podido. Sigo sientiéndome volátil e inexorablemente frágil.

Entonces mi mentada fragilidad comienza a vagar entre las excusas, entre las salidas posibles y los escondites. Y voy en declive, destiñiéndome entre la gente que circula indiferente, transformándome a lo incorpóreo que mi mente busca ser, y por lo tanto, mi cuerpo también. Voy buscando la posibilidad de detenerme en el camino a tomar aire, a mover un rato las piernas, bajándome de este movil que pocas veces se detiene, que muchos llaman como existencia o vida. Me canso de la agitación y del hacinamiento que hay en ese movil que me arrastra rápidamente al ocaso de mis años, sin piedad alguna con una velocidad terrible, avanza en el tiempo y quiero marcharme, ser inmortal como el viento, o tan mortal como la espuma, vivir tan poco como para ni siquiera darme cuenta. Y en el avance vertiginoso veo como la gente muere a mi lado, igual de hacinada, casi tan inmóvil como yo, con sus mentes un poco más grises que la mía. Y sus cuerpos se olvidan, desvanecidos en el espacio de la existencia. Entonces se presenta el salvador escape, aunque no escaso de perjuicios. El décimo piso al vacío, las mil técnicas de cómo desaparecer completamente. Pero tampoco es la idea, quiero volver. A veces.

Entonces me entrego a los escapes, entonces me trato de esconder de mí, me vicio. Y hay que elegir entre el vicio de amor o el vicio de otras cosas (igualmente tóxicas). El amor va y viene. Y cuando se va, nos quedamos solos con lo otro (que se vale por sí mismo, entonces es un recurso interminable, para alegria de muchos). Y a veces el amor nunca viene, sólo se va. Entonces, dejo al amor y al desamor en la existencia donde sería el único lugar donde podría existir con sus complejidades.

Allá afuera sólo me explico como espuma y una espuma no ama, para ser más exacto. Y me entrego a lo miserable.
Para olvidar la existencia, toda la gente marchita, la que está en el mundo para marchitar, la gente que hay por marchitar y que algún dia, irremediablemente perderán su belleza de flores y sólo serán abono. No niego que es bello ser flor, que es maravilloso estar ahí, feliz de vivir, con colores radiantes, con listones de color en el cabello y pastizales esperando nuestras risas. Pero, vamos. La alegría no perdura, es sabido. Así que si llega a salir en mi mano en el póker del todo o nada, no la jugaría. Para qué perder el tiempo, uno por naturaleza tiende a llorar como primer impulso, y tiende a morir en el último. Para qué ser optimista si el final es siempre el mismo.
Entonces salgo de la existencia y busco un licor que me entregue la levedad que tanto busco a cambio de mi memoria, mi consciencia y hasta mi dignidad. Deseo intoxicar mi alma, mi brevedad existente, mi falta de capacidades, mi negligencia como mi dueña. Busco cigarros que hagan que mis añoranzas tontas se pierdan entre el humo mortífero. Desprovista de dignidad y memoria, de añoranzas a la existencia, de amor y desamores.

Y fuera de la existencia, estoy completa. Perdida. Con un sabor amargo en la boca, desagradable y problemáticamente feliz, dejando mi cuerpo tejido a tejido dentro de mi tumba. Suicidándome órgano por órgano, lentamente. Despidiéndome del mundo en donde no hay nadie que reciba mi renuncia. Y miro dentro de mí y hay sólo aire. Está o muy oscuro o muy claro y ya no hay nada para ver (o que quiera ser visto). Y despierto existiendo, sofocada por la gente a mi lado. Con dolor de cabeza y de recuerdos vuelvo a acostumbrarme al ritmo y vuelvo a ser lo mismo que la vida quiere que yo sea. Dependiendo del tiempo imborrable, de la circunstancia ineludible y el castigo por vivir.

jueves, 2 de agosto de 2007

some lazy words

Tengo miedo, a veces, de que en mis cartas no haya tanta nobleza como para sostener su respuesta.
Me he criado como inválido de expresión comunicativa, me he rodeado de una cierta atmósfera secreta, y sufro una verdadera angustia por decir algo, aún solo conmigo mismo, como si ninguna palabra me representara, y sufriendo enormemente por ello. Hallo banales mis frases, desprovistas de mi propio ser.

No saco nada con culpar a nadie por el hecho de no poder decir nada de tanto querer decir tantas cosas, soy una cabra chica completamente impresionada con lo que se le pasa por delante, tantos colores, tantas caras y tanto movimiento en este mundo, no dejo de sorprenderme por lo que veo, siento etc., soy una pendeja con tantas ganas de decir lo que me gusta y lo que no, pero (no sé si será por desgracia) no tengo lengua o si la tengo pero no sé ocuparla como me gustaría, mis gestos se confunden con el movimiento del mundo y pareciera que simplemente me siento a ver que las cosas pasen. Soy una adolescente, nada me quita esa cualidad y, desgraciadamente, (ahora sí que sí) ni hoy ni mañana tendré nada que decir. Todo lo que ha pasado me ha dejado con la boca abierta y, como dijo otro caballero muy distinto a Borges que es muy a mi pesar de quién saqué las palabras en cursiva, dudo que pueda volver a cerrarla. De mí no volverá a salir otra palabra cuerda hasta cuando mi cerebro así lo quiera (y digo “volverá” con la esperanza de que alguna vez haya dicho algo cuerdo). Todo me parece tan raro o tan normal que no saco nada con explicarlo, es
como correr tras mi propia sombra que a veces ya no es ni mía. Por su atención, muchas gracias.