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viernes, 20 de agosto de 2010

El eco de las insomnes tripas

El tiempo se aletargaba , los colores se encendian como insinuando plastico , la clasica imperfección organica era inexistente , porque cada atomo tenia una simetría de dimensiones fractales.

Cada encuentro se volvia un cuadro onirico donde lo visceral era dictatorialmente cubierto por una piel delicada y perfecta , como una realidad hábilmente transfigurada en una imagen esteriotipada. En esos momentos mi humanidad decaia y me reconstruia con sarpazos inevitablemente acogedores. Aunque exagero y hablo desde el síntoma de abstinencia , embelleciendo la mierda que defeco , puedo decir que probe un elixir que solo se da en azares casi irrepetibles.

El silencio de esa escena era siniestro.

La situación tomo riendas propias y una especie de conciencia demagoga , porque la inteligencia discursiva empezo un regimen anorexico , retumbaba y vibrava , empezaba a gritar desde su prision sensorial ; a balear desesperadamente el franco que generaban los traumas y su mierda emotiva , erigiendose el sentido de la necesidad como un golem aberrante , que pateaba sin remordimiento cualquier insipida nocion de –Aquí estoy y esto me parece ilogico.

El sentido de la delicadeza se disparaba agudamente , eso se llama trance hipnotico , embobamiento , indiscernimiento , era un karma obligatorio , un buen karma ; a costa de sobrevivir anteriormente , a costa de automutilaciones torcidas y desesperadas ; era lo que tenia que llegar para balancear el odio que me podria las tripas.

Llego triunfal la cosecha de rencor en uniforme escolar. Llego con la primavera dejando un destello de polen , dejando un sutil aura infantil , cubriendo de alguna extraña manera las llagas hemofilicas que vomitaban espanto en su apogeo anterior. Redecorando la casa , aseando los delirios y esa clase de mierdas que intentan superar ridículamente los libros de autoayuda.

Yo me sobredosificaba de endorfinas en un estadio de ansiedad , esperando esas bragas rosadas. Como un alimento narcotico me bañaba en su hedor profundamente agudo , me vestia de su pendejeria y empezaba a recitar mierdas espontaneas que dictaba una sensación letargica , como si en esos momentos el tiempo fuera insipido y carente absolutamente de valor. Porque estaba acompañado , la desesperación que provocaba el concenso de sociedades en mi cabeza se esfumaba y , teatralmente , se construia una especie de bunker hermetico , como si vagaramos en un charco de basura mamona mientras el exterior se derretia lentamente para nos.



Eso pasaba. Quizas sobrevaloro a un simple ser humano , pero es inevitable.


(nota de la dueña del blog: estos dias han sido especialmente introspectivos y solitarios en el aspecto existencial. espero reponerme y dejar de tirar tanta cosa frágil al piso, si es que logro reponerme antes de que yo también caiga o de que no quede nadie en pie que pueda levantarme).

viernes, 26 de octubre de 2007

nada más.

Tenía pinta de raro, pero era un SUBNORMAL. Miraba a la gente que había fuera de la micro y decía cosas de índole fálico, se apretaba los cojones y murmuraba cosas inteligibles. Y yo, claro, sentada al lado de él. Estoy casi agradecida por las instancias que me da la vida para poder putearla. O putear mi suerte, porque SI ES SUERTE, porque la suerte es para PERDEDORES y yo soy una perde-dooora. La cosa es, en síntesis que yo lo miraba descaradamente, porque soy curiosa en esas cosas y la gente que estaba ahí miraba de soslayo, asustada y yo miraba descaradamente porque me parecía GROTESCAMENTE graciosa tanta mierda que me llega y me siento como cuando meto los pies al mar y se me agarran a los talones las algas y es esa sensación tan desagradable, por la cresta que es desagradable. Y por lo bajo escucho un montón de estupideces que he dicho o he buscado decir, ese murmullo que me atormenta.
SI A ESAS PERRAS LES GUSTA PURO CHUPARLO.
Toda la razón, míster orate
Un almuerzo frío, casi congelado, condiciones insalubres. Digno de conmemorar. No tenía ganas de hacer un mayor esfuerzo por recuperarlo, se cayó al suelo, mi perro estuvo ahí, mi gato estuvo ahí y posiblemente estuvo ahí también el culo de mi abuela. Pero qué se le va a hacer, siento todo tan liviano, me da lo mismo si mañana me muero, si, total; están todos muertos. Me lo como hasta la mitad porque también siento ASCO. Y no era asco por la comida, era asco porque YO la estuviera comiendo.
ESTO NO PUEDE SEGUIR ASÍ–me digo-. Es INCONCEBIBLE, me da tanto miedo.
Y tal como si fuera una drogadicta digo las palabras mágicas en busca de dejar ese ente que me descalabra, digo “YA ESTÁ, LO DEJO”, y me imagino a toda esa masa de personas alejándose de mí, toda esa gente que me hace tan bien pero que me quita esa estabilidad de cartón que me crean con una sola palabra, es frágil, mi estabilidad es una puta-mierda-frágil. Y me da más miedo, pero sé que es un miedo momentáneo, que después ya no estará más, en cambio ahora le temo ya al miedo.
En mi casa había leche, me serví un vaso, EL vaso que quedaba en la caja. Tiene un sabor extraño, tampoco está en la condición más sana, pero es lo que mi maltrecho cuerpo se merece, este cuerpo que mi maltrecha mente se merece. Tengo que cortar POR LO SANO, pero PORQUÉ. Yo no tengo puta culpa de los miedos que mi personalidad temerosa e ilusa guarde, la fiesta iba tan bien, se quiebran los vasos a lo lejos y es el éxtasis en la orgía de mi pseudo-calma escuchar el estruendo de todo irse a la mierda. Pero todo tiene un fin y ese es este. Estoy harta de mi vida inverosímil, quiero algo que me ate a la tierra, algo que me diga que en verdad estoy viva pero que esté dentro de mí. Y como es imposible porque no dejaré que nada tan bueno se acerque a mí lo mejor es que todo se acabe y la sangre corra hasta el río. Porque es desagradable tener tanto cariño y siempre guardado ahí, sin que pueda salir porque no quiero, porque tengo miedo. Y tener tanta sangre y siempre en el mismo lugar.

jueves, 30 de agosto de 2007

corte de pelo.

Es que me da rabia po’h, si yo le dije a la peluquera’e mierda que ME DEJARA LAS PATILLAS LARGAS y ¿qué hueá hace?, lo primero que hace es cagarme todas las patillas, ahora me siento más pilucha que la cresta. Al menos antes, cuando estaba nerviosa me agarraba las patillas o el choco pero ahora, ¡AHORA!, ahora no tengo escape para mi nerviosismo y lo más terrible es que me pongo nerviosa y tengo como eso del "síndrome del miembro fantasma" (me da risa la hueá de nombre, es que es chistoso lo que me imagino porque bueno, soy una adolescente con GRAN IMAGINACIÓN) Y bue’ me intento agarrar la patilla o el choco y mi mano pasa corbata y es deprimente no sentir nada más que unas pobres pelusas que son lo que ahora conforma mi cabellera. Y es triste y esto hizo que me fuera pa’ dentro y ande pensando todas las hueás, yo cacho que es porque las neuronas tienen frío y tienen que andar chocando como contratás pa’ entrar en calor. Y como tienen mitosis cero, me voy a quedar estúpida en poco tiempo, todo por culpa de un puto-corte-de-pelo. Me da rabia por la chucha, me dicen que el pelo me va a crecer luego...claaaaro pa’ qué más po’h. Como ELLOS no tienen que mamarse la VERGÜENZA de andar con el pelo TAN corto, es re-fácil decirlo. Si mi papá sabe que me cagó el ADN, la mezcla charcha de ambos. Si sabe que de mi mamá saqué el poco pelo y de mi papá saqué el pelo delgado "como de guagua", saben que a la larga voy a terminar sin pelo. Pero no, les gusta verme sufrir. Y clarsh, la peluquera me dice "uh, verda’ q queriai la patilla larga" cuando ya me había dejao la cagá. Y yo no me di cuenta, porque soy volá y quizá en qué estaba pensando. En sexo, quizás, porque siempre me cagan así cuando estoy pensando en sexo. En clases yo estoy de lo más bien, en la plena y dichosa vida sexual y la profe me dice "¿me podría explicar lo que he dicho hasta ahora, Génesis?, porque no sé qué cara pongo, pero debe ser delatora acerca de lo que está pasando en mi imaginación ninfómaniaca y ahí quedo, le digo "Disculpe, profe, es que no caché la hueá". Y ahí supongo que le dará más importancia a "cómo" la traté, oh, que hablo soezmente. Y qué tanto, si cuando se aprieta los dedos en la puerta no creo que diga "oh, rayos, me he apretado el dedo. Oh, que dolor, qué dolor más grande el que siento" Porque lo marginal que llevamos dentro se nos escapa en esos momentos de no-censura en la que nos dejamos llevar por el momento y eso da a entender la gran verdad: todos criamos un roteque dentro, y resulta que ese roteque es el que nos defiende cuando alguien nos insulta (porque no creo que uno responda a un manotazo con un "podríamos hablar civilizadamente, amigo mío") o cuando torpemente nos golpeamos con algo, el típico golpe en el codo, el café caliente (cuando se da vuelta y cae en la entrepierna, cuando lo tomamos y nos quemamos la lengua, etc.) , el martillo en el dedo, el dedo chico que se ve letalmente afectado cuando uno choca con el pie en la pata de la cama y un montón de infortunaciones de la misma índole en las que ese roto nos ayuda a expresar todo lo que llevamos dentro en bruto y esto nos deja la mayor calma posible. He notado y probado que, al reprimir a este señor soez y al hablar más letradamente a la hora de estos sucesos, no se produce el mismo desahogo. Tengo pruebas estadísticas y sicológicas, la gesthalt, el conductismo, el humanismo y el sicoanálisis avalan mi teoría. En fin, la hueá de ahora es MI PELO. Yo cacho que el mayor problema es que cuando vi mi patilla y mi dignidad cruelmente asesinadas por la temible navaja y ella dijo "uh, verda’ q queriai la patilla larga" yo le dije: "nah, si no importa" y me sangró el alma. Si pudiera recomendar algo a quien sea que pase por aquí es que NO SE GUARDE EL PUTEO MISMO. Porque después no hay cómo botarlo. Yo escribo esto pero es un placebo, de bien poco me sirve desquitarme así. Lo que yo debería haberle dicho es lo siguiente "POR LA CHUCHA, SI TE DIJE QUE QUERÍA LA PATILLA LARGA, LA ÚNICA HUEÁ QUE TE DIGO Y NO LA ESCUCHAI" o algo así, algo que incluyera varias veces el mismo improperio para que se sintiera más mal por la monotonía que por el insulto en sí. Pero no, la señora es amiga de mi mamá. Y siempre me caga esa hueá, mi mamá me reprime en todo. Me tiene con ASÍ una vena porque no me deja ir a "la casa de la nao". No me deja por ninguna parte desahogarme. Y algún día voy a explotar. Mi papá me cortó el pelo así de corto porque lo vio en una película y le gustó como se le veía a la loca. Menos mal que la película no era V de Vendetta porque ahora estaría luciendo el corte que le hicieron a la Evey, rapada al cero gracias a las lindas ocurrencias de mi progenitor. E insisto, me van a volver loca, voy a dejar la caga’ en esta casa si me siguen coartando mis salidas, no me he podido sumergir en el placer de un buen puteo y pecar en pos de la ira, pecado capital que menos uso, pero que la situación me obliga a ocupar porque no me deja tampoco sumergirme en el maravilloso mundo de la lujuria, mi pecado predilecto, oh, lujuria, como te ama la Soma y te extraño más que la chucha y me estoy entrando a deprimir por tenerte tan lejos, y me llamas a lo lejos pero yo te digo "puta, es que mi mamá" y se me va todo a la chucha. Pero qué le voy a hacer, estoy obligada a aguantar la castidad impuesta por mi familia y me voy a tener que poner un cinturón de castidad y un bozal asfixiante (obviamente para no hablar...claro está).
Y así, me resigno a esta vida flagelante y pido porfavor volverme loca para que me manden a un manicomio donde pueda dejarme el pelo largo y hacer todo lo que ya dije, amén y-amén.

domingo, 19 de agosto de 2007

romance con un gato muerto.

Me harté, necesito un espacio. Algún espacio donde esté yo y nadie más a unos cuantos metros. Si es posible no ver a nadie más a mi alrededor, para poder reconocerme en ese lugar, reconocerme sola. Llego a mi casa después de la noche del día sábado, una noche sin sorpresas y mucho de lo de siempre. La nostalgia por mi propia nostalgia. Así que llego y busco esa soledad en la que pueda refugiarme. Tomo un bolso, no saludo a nadie, actúo como un robot antisocial. En mi bolso pongo las cosas que son las únicas que necesito para poder vivir: dos libros con trama prometedora, un cuaderno con hojas en blanco, un lápiz (de preferencia con tinta negra), cigarrillos (no por un vicio nicotinoso, para nada. Debo aceptar que es por una razón completamente casi-romántica), un encendedor y mentitas (lo que sea, pero que tenga azúcar). En un instante ya estoy sentada mirando el cielo, con un cigarrillo en la boca. Me pica la garganta increíblemente. Y me pregunto cómo chucha la vida me pesca en momentos tan estúpidos para ponerme romántica. Tengo ganas de apretar el botón de RESET de mi cerebro. De tener algún botón de RESET. No está funcionando.
Voy en la etapa de auto-descalificarme, estoy discutiendo con mi curiosidad, esa que me hace preguntas tales como “¿porqué, entonces, piensas tanto en eso?”. Porque tengo una curiosidad que, según algunos, MATA. Miro alrededor, buscando algo que me desconcentre porque me estoy haciendo mal. Entonces lo veo, ahí, un montón de moscas que zumba estrepitosamente a lo lejos la felicidad del baquete. Debe ser algún pedazo de carne envenenada que tiró algún amargado de mierda, pienso. Me acerco y cada vez el pedazo de carne toma más forma, más forma y más forma. Más forma de gato. De...MI GATO. O lo que FUE mi gato. Me llevo la mano a la boca y me tapo la nariz de paso. El olor es INSOPORTABLE. ¡MOSCAS DE MIERDA!, grito irritada por el olor que calcina mis fosas nasales y mi sensibilidad, MOSCAS DE MIERDA, MOSCAS DE MIERDAAA. Suspiro. Aún quedan algunas, las que espanto con una mano cada cierto tiempo, resignada sobre todas las cosas, me siento a un lado de esa masa inerte.
Lo acaricio. Le acaricio las orejas (o donde deberían estar las orejas), la frente y le hablo, le pido disculpas, le digo que siendo un gato mío tenía que terminar así. Le maúllo, le ronroneo, esperando a que me responda, se levante y frote su cabeza contra mis piernas, y luego me pida que lo abrace estirándose hasta tocar mis rodillas con sus patas delanteras como siempre. Pero no se mueve, no ronronea, no maúlla ni me mira. Está indiferente en su estado. MUERTO. Milagro, mi Milagro (así se LLAMABA), estás tan muerto como yo. Pero tú das menos lástima. ¿Sabes?, es una buena metáfora de la vida esto de que te mueras y que te llames –o te hayas llamado- Milagro. NO HAY MILAGROS PARA MÍ. TODA CLASE DE MILAGRO QUE PUEDA LLEGAR A MÍ NO VA A LLEGAR NUNCA, PORQUE ESTÁ EN ALGÚN TECHO PUDRIÉNDOSE.
Lo tomo en mis brazos y bajo del techo con él. Ya no hay moscas, les supe enseñar eso del respeto a la muerte. Llego donde mi mamá, ella me da la espalda, me pregunta dónde estuve, que si estuve fumando, me pregunta QUÉ MIERDA ES ESE OLOR A MUERTO. Yo le digo, es el Milagro, mamá, el Milagro que tiene olor a MUERTO, porque está MUERTO. OHHH, exclama, OOOOH, EL MILAGRO. ¡OOOOHH!Ellos me tratan de loca por andar con una masa inerte en las manos, pero no entienden que es MI GATO, MI GATO MUERTO. Que, claro, ya no es más gato porque pasó a ser COMIDA DE LARVAS, pero sigue siendo MI comida de larvas. Ellos son los locos, ellos no lo entienden. Yo le hago un ataúd, le busco flores, lo entierro y hasta lloro por él. Pero siguen sin entender y siguen hablando de mí, me miran raro, que me cambie la ropa, que huelo a muerto. HUELO A MILAGRO, les digo. ESTE ES EL MÁS PURO OLOR A MILAGRO. TODO HUELE A MILAGRO Y ES GENIAL, ¿NO?, ES EL MILAGRO EN TODAS PARTES, DEBEN ESTAR FELICES. Pero siguen sin entender. Así que me cambio la ropa. Qué se le va a hacer, mi querido Milagro. Yo te entiendo, yo también estoy muerta. La diferencia es la que ya te dije y que yo hablo. Yo les hablo y ellos creen que también los escucho, pero estoy tan muerta y hace tanto tiempo que ya nadie se da cuenta. Vienen y se van y ya no se dan cuenta.

martes, 7 de agosto de 2007

revenge as elite.

Me molesta cuando en las librerías, bibliotecas y eso (supongo que son los únicos lugares donde puedo adquirir libros) me miran con cara de “mira, pendeja” cuando pido a Bukowski, a Bataille. a Coppens, al Marqués de Sade, etc. “¿Chárleh Bucouhqui?”, “Parecido. Mire, se escribe como usted no lo pronuncia”.
Me miran como buscándome la culpabilidad en alguna parte, como retorciéndome la capacidad de darme con una piedra en el pecho y declararme una oveja descarriada del rebaño de Dios que lee a Shakespeare, Nietzsche, Tolstoi, Kafka, del rebaño que lee a Camus, a Hesse, a Christie, las ovejas-intelectualoides, las ovejas que hablan bonito pero que no dicen nada. O el rebaño que lee a C.C.S, ese rebaño que es el predilecto, donde Jehová es mi pastor, nada me faltará. Las ovejas hippies-virginales, que tratan a la sexualidad como un defecto humano, creen en la cigüeña y en que el cuerpo humano es sagrado y le tienen miedo a los fluidos corporales.
Y como no soy de ninguno de los anteriores rebaños, me empiezan a hacer preguntas, onda “¿tienes idea de QUÉ tratan esos libros?”, como si fuera raro que una pendeja no se asustara ni se pusiera a llorar al ver la palabra “pene” escrita un par de veces.
Por la chucha que me da rabia y me dicen “en +18” o “no, –para ti- no hay”, entonces digo “pucha, qué pena” y pregunto dónde puedo encontrar los libros de Papelucho y digo alguna incoherencia arbitraria para hacer realidad su suposición de que la “juventú de ahora” es una mierda, le hago escenas de drogada, voy al baño y me dejo la falda metida en el calzón, cosa que se me vea toda la mercancía y me paseo delante de él con la colección más tierna de cómics y libros de papiroflexia, agarro un papel lustre y lo trasformo en grulla mientras él piensa si decirme o no que se me ven todos los calzones y qué vergüenza, niña por Dios. Y yo recito algo de Nicanor o algún fragmento de Hamlet –dependiendo de mi humor- y por entremedio de las palabras sigo a una mosca en el vacío.

También choco con las personas y digo algo como “la puta que nos parió” a modo de disculpa. Voy al baño, una plática relajada con la señora auxiliar, el derecho de vivir en paz, huevadas raras de múltiples colores, en el baño una, dos, tres veces y juego a la momia con el papel gratis ELITE y me voy a la cafetería, digo “soy Dios, dame dos brownies y un café con leche, quince de azúcar y mucho cariño. Que quede bien lindo” y después vuelvo a la sala donde está el señor, pero con más gente que me mira, o eso pareciera, y me miran como si fuera el eslabón perdido.

O no sé si era la misma gente de antes, siempre se me olvida ver bien eso.

Busco a Moliere, busco a Dan Brown (y todas esas cosas medio-snob o snob-completas; Santo Grial, la puta de Jesús, textos pasados a naftalina –hay algunos muy respetables así como hay otros que valen pero callampa y esos son los que busco porque mientras más viejo y aburrido sea el tipejo muerto, más snob es la cosa- cosas bucólicas –igual tengo mis excepciones, pero casi todo es mierda antigua -, que son fomes las leseras), busco el libro con más hojas, con la tapa más dura y con la portada más seria, si es posible que tenga el empastado en blanco, bien. Y si tiene la cara de equis tipo con cara de “jódete”, bien también. Entonces voy, y le digo “mire, yo quiero un libro; este libro” y en el desapego con la realidad que pueda causarle el que yo le hable después de tanta situación visceralmente delirante (entre las cosas que suelen pasar en lugares llenos de libros) voy y agarro el libro con el doble empastado, grande, pesado, serio, abrumantemente fome con las dos manos y se lo tiro de vuelo en toda la frente, gritando algo como “chúpate esa, enviado de Jesucristo y la que te parió”, aplaudo un par de veces y me pongo las alas que confeccioné con el papel gratis –que, repito; es ELITE- y me subo en el mesón y grito “señores, esto es una prueba de que Dios existe, el anticristo y el apocalipsis se viene y todos los putos andan leyendo...y después se quejan cuando les tiran cal y fuego” y salgo volando desde la ventana a la noche santiaguina con alas marca ELITE.

lunes, 28 de mayo de 2007

no, era miércoles veintitrés

Es una costumbre para mí conmemorar los días en que amanezco puteando.
Quizás sea porque son más ponderados en una adolescencia en la que los momentos cursis y alegres los considero entre el pudor y la impotencia de reconocerme sensible.
Puteo por el atado de levantarme más temprano, de tener que ir más temprano que la mierda donde me van a dejar esperando más que la ídem por un simple trámite de "extracción de terceros molares".
Salgo de la casa hecha un montón de tiritones, bañada por la niebla y la escarcha matutina y me subo al taxi de mi papá que me lleva a San Pablo con Neptuno, nada más ni nada menos. Ese sería el aporte de mi progenitor.
Como un zombi avanzo hacia el paradero transantiaguino donde la gente se desparrama hacia todas partes y se abalanza sobre cualquier cosa rodante y aludo a mis capacidades roedoras para encontrar alguna manera de entrar al lugar sacrosanto para tomar la micro. Casi nostálgicamente veo pasar una tras otra las micros que supuestamente me sirven y que no tomo por puro ahuevonamiento. Cuando al fin alcanzo a subirme a alguna micro vuelve el mismo sistema de siempre, de cada vez que tomo una micro en horas peak: la inmovilidad y el gil que se me para detrás en todo el sentido de la palabra. El gil que se aprovecha de las frenadas del simpático chofer para poder embestir mi adolescente humanidad con su dudosa anatomía eréctil. La misma idea de volverme monja, de tejerme un calzón con virutilla, de que hubiera una sierra eléctrica a mano. Pero a falta de todas esas cosas me quedo quietita por alguna costumbre escondida en algún vericueto absurdo de mis pliegues cerebrales de no mirar a ninguna otra parte que no sea el suelo, por eso no encaro al gil que se me para detrás ni con la mirada, asumo la estupidez propia de ser piola, de ser sumisa en la masa general. Y me siento como una suerte de David Copperfield cuando se metía a los cubos de vidrio, pero con menos presupuesto para comprar un cubo más grande y más cómodo, un cubo que me presiona y me obliga a fijar la mirada en el piso, un cubo donde eso que amenaza desafiante empalarme en el más mínimo descuido, es parte del ambiente...además que las amenazas siempre me producen un reflejo en la mirada que la atrae al piso, y para colmo siempre me paso de dónde me tengo que bajar cuando salgo en horas peak, por la misma costumbre y también un poco de flojera, me cansa el sólo pensar abrirme paso entre la gente que huele mal, te mira feo y te apuntala.
Cuando al fin llego al sitio de salud pública pienso en lo que hay que aguantar: dos filas tan largas como la muralla china (estimaba dos, pero fueron cuatro) y tres horas o más esperando a que aquella persona que se vuelve diosa al iluminarme con pronunciar mi nombre se haga presente. Me siento en una silla coja a esperar. Nada. Me llama la Noemí y por poco me emputezco porque no noté mayormente que se diera cuenta que me saqué las re-crestas haciendo el trabajo y más encima me pregunta con cierto dejo de alegato. "Me obligaron a venir al puto dentista" y que sí, que el trabajo lo tengo y que porfa hable con la profe, que lo llevaré más tarde. Y entonces pienso en el Eric, pienso en si habrá tenido el coraje para encarar a alguna amiga a falta de poder hablarme a mí, cosas así que no le reprocho porque yo tampoco doy el ejemplo y la idea de emputecerme se va alejando ante esta sutil invitación al sentimiento y a toda esa pantanosa parte de mí...por poco entro por esa puerta acorazonada hasta que me pego el palo. "Puta que soy débil", y llega, tarde pero llega, la sensación de acorralamiento que es más sana que la sensación de abnegación, de la búsqueda del altruismo que me tiene el corazón hecho una mierda. Y pienso "si no es un pololo que me tenga la voluntad para el hueveo suyo, son las amistades o la calentura" porque cuando una piensa se manda a guardar toda clase de eufemismos, como decir "la lujuria" o huevadas. Todas estas cosas y vuelvo a sentirme en el cubito Copperfiliano, todo eso y el "deber" y el "no cambies nunca", el susto del pópulo si la soma llega a actuar distinto y la posterior condena capital por actuar así se convierte en el agua que me asfixia en mi opresión y cuando estoy en plena sesión sicológica-auto-flagelante me suena el celular de nuevo: mi mamá. "Te venih altiro pa’ la casa, acuérdate que tenih que reposar". Chucha, ahí recién me ascurro que sangro caleta cuando me sacan las muelas y que mí interacción hablada después del trámite cirujano se va a limitar a balbuceos jugosamente carmines. Me importa una hue’a, si alguien me quiere escuchar me va a escuchar aún cuando se me salga por la boca todo lo que tengo dentro, aún cuando vea que esa persona esté vomitando del asco, me da lo mismo. Seré floja, seré charcha, seré fea, pero irresponsable...ni tanto.
"Génesis Reyes", escucho. "Gé-nesis Re-yes", dice cantadito la enfermera y una vez más la sensación de que ese nombre me suena incómodamente conocido. Me levanto y digo "aquí" mientras me voy sacando los pircin. Pase. Deje su mochila aquí y siéntese en allá. Ahí exploto en romanticismo al quedarme parada escuchando la voz del doctor, esa voz tan profe, esa voz que me recuerda el reciente portazo en la cara que me dieron verbalmente las letras que más pertenecen a esa voz...de paso también recuerdo anteriores portazos y me percato que la voz del doctor me duele, me causa un dolor hipotérmico en mis fibras sensibles y quiero que se calle, que no me diga más lo que tengo que hacer, me doy cuenta de que esa voz parecida a la que se me escurría por entre los pasillos del instituto, esa voz que buscaba en mi y he encontrado en las cuerdas vocales de un doctor me recuerda a mi desconsuelo mediocre, ese desconsuelo que me hacía buscar ese sonido en particular en el silencio escolar y sentir que el corazón se me volvía una piraña maligna y me mordía el pecho por dentro, esa sensación de tristeza cálida de la que me desprendía después de un rato para volver a ser la de siempre. Que esa voz es una molestia dolorosa, que se calle, por la cresta, que no me pregunte si estoy bien. Que no me pregunte esas cosas porque es más fuerte la analogía entre las voces cuando pienso que a ninguna de las dos les voy a poder responder lo que quiero. Que se calle, que me deje tranquila. La vez anterior fue un miedo vertiginoso y placentero, ahora era simplemente el cabreo de tener al profe en todas partes una vez más, las ganas de personificar completamente a mi utopía en el doctor y propinarle un escupo colorido con mi sangre y dejar escapar un poco los sentimientos tergiversados y retorcidos que tengo. Pero no, me abstengo. "El mismo procedimiento de antes, ¿te acuerdas?", me dice amablemente, "mh", digo afirmativa y me voy del hospital, despreciando el día, dándome cuenta como siempre que todos mis días se convierten en trampas mortales para mi corazón y pensando en que iba a conmemorarlo en mi blog.