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miércoles, 22 de julio de 2015

recuento necesario.


en vista y consideración de que lo que considero más relevante de la sobrevivencia de este blog son los recuentos, acá vamos de nuevo.

tengo 25, partamos por ahí. la última vez que escribí algo así tenía 21, no sé, no recuerdo. creo que todas las veces que he escrito cosas de esta índole he estado enamorada, bueno, ahora no lo estoy. ni extraño estarlo.

terminé mi grado académico y me fue relativamente bien, sigo tomando pésimas decisiones, pero las valoro caleta, porque son mías. porque he crecido, he aprendido y si decido algo es en virtud de todo eso que he vivido, que no es menor. y sí, estoy plenamente consciente de que todo en la vida se trata de tomar decisiones, que la cantidad de decisiones que uno toma al día son abrumadoras, que no hay forma de escapar. y que, a la larga, es algo bacán.

la hueá es que tomo malas decisiones a veces. pero bueno, no se puede tener la perfección.

sigo amando enseñar, cada vez comprendo más de qué se trata y cada vez veo que falta mucho por entender. este año decidí más que nunca no tener nunca hijos y dedicarme a especializarme en lo que amo. porque la dura que uno tiene que hacer cosas por uno mismo, uno vive con uno mismo el 100% del tiempo. es idiota hacer todo por los demás.

lo demás es mi familia, mis padres, mi hermano, mi abuela. el puñado del resto que tiene mi apellido que merece mi atención sana.

y lo demás?
sinceramente, me importa una mierda. 

viernes, 6 de agosto de 2010

barco de papel.


Un barquito de papel lo hace cualquiera

Subirse a él y zarpar, es otra cosa.
Tomarlo un día de lluvia,
bajar por los rápidos de las alcantarillas,
escurrirse entre montículos de piedra,
esquivar los icebergs de vidrios rotos,
detenerme en el muelle de tu casa, anunciarme con la sirena

y mirarte con los ojos más redondos que planetas,
con la boca más abierta que una puerta,
con un cariño que crece más rápido que yo,
que avanza con viento a favor o viento en contra,
que navega hacia tí en la borrasca,
que se moja hasta empaparse.

Sí, un barquito de papel que se moja y lentamente se desdobla…
Hoja en blanco… tinta de agua… gotas que hablan:

¡Léeme! ¡Invéntame otra vez!


martes, 6 de julio de 2010

the beautiful people pt. 1.

Ibamos en la 413, camino a la casa, muy mojados luego de pasar a pagar mi cuota de la matrícula. La micro estaba fría, empañada, con esa hostilidad típica de los días de lluvia, donde todo se ve especialmente incómodo y uno no halla la hora de llegar a casa. Unas mujeres cantaban temas de la Violeta, con un pandero y la cría que iba junto a la señora que iba en frente de nuestros asientos bailaba extrañamente. Por ahí por Estado (con Alameda) se subió este caballero con su gorrito, sus lentes, su paraguas y su bolsa de Cruz Verde. Se sentó y bufó, entontando una sonrisa que contrastaba con su aspecto de típico amargado: "50 años ya que tocan la misma canción...y la mujer no tiene voz ni pa' cantar el arroz con leche".

Así fue como este caballero nos metió conversa luego de robarnos una sonrisa. Nos habló de música, tango, fútbol, de educación y miles de otras cosas. Al menos yo iba muy metida y emocionada con el señor este, siempre he sentido admiración por la gente que tiene algo interesante que decir, sin creerse mucho el cuento. Este caballero nos dio una clase de chilenidad, nos enseñó como bailar cueca, tango y cumbia. Nos contó cahuines sobre la muerte de la Violeta, enunció la tristeza de que nadie es profeta en su tierra, nos habló de la muerte de Gardel y cómo lo habían reconocido. De lo que se debería hacer en la educación, de la apreciación vana del telespectador de futbol que no ve al jugador sino a la tele, siendo descartado su punto de vista, de lo lamentable que es que ya no existan las matiné ni los vermouth para pololear, de la muerte del tango por el rock and roll y la pelvis de Elvis. Nunca el camino a la casa se me había hecho tan particularmente ameno y entrañable, cualquiera podría haber pensado que ese caballero era nuestro tío, abuelo o papá por la familiaridad con la que nos hablaba con su chaqueta y corbata café, sus sonrisa un poco desdentada y amarillenta y su nariz rosada y graciosa.

Al ver acercarse el paradero en el que debíamos bajarnos me bajó la tristeza. Le pedí si le podía tomar una foto y le pregunté el nombre. Él, por su parte, nos dijo que nos veíamos y que podría ser nuestro padrino (¿de bodas?, ¿de nuestros hijos? no lo sé). Nos despedimos y le di las gracias, aunque hubiese querido algo menos triste.

Hubiera deseado saber más de él, sólo supe que se había casado a los 22, luego quedó viudo y volvió a casarse y ahora lleva 15 años casado, que nació en el '38, que es un excelente crítico y muy ameno para conversar, que me hizo reir un rato, que su sonrisa era bonita, que era medio sordo, que la llevaba el caballero, que ha de vivir por acá, por Maipú y que se llama Daniel.

6 de julio.



Pasar por Baquedano me trollea. Si se ve que tenían los pedacitos para armar todas las figuras que se ven a medias, ¿¡POR QUÉ no las pusieron enteras y NO A MEDIAS!?


Los gatitos se salvan de la lluvia.


Pero él (o ella?) es rudo (o ruda?) y lind@ (:

















Y las tragedias que nunca faltan.