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miércoles, 1 de septiembre de 2010
viernes, 11 de junio de 2010
Tengo Miedo (así, con mayúscula).
Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza
del cielo se abre como una boca de muerto.
Tiene mi corazón un llanto de princesa
olvidada en el fondo de un palacio desierto.
Tengo miedo -Y me siento tan cansado y pequeño
que reflejo la tarde sin meditar en ella.
(En mi cabeza enferma no ha de caber un sueño
así como en el cielo no ha cabido una estrella.)
Sin embargo en mis ojos una pregunta existe
y hay un grito en mi boca que mi boca no grita.
¡No hay oído en la tierra que oiga mi queja triste
abandonada en medio de la tierra infinita!
Se muere el universo de una calma agonía
sin la fiesta del Sol o el crepúsculo verde.
Agoniza Saturno como una pena mía,
la Tierra es una fruta negra que el cielo muerde.
Y por la vastedad del vacío van ciegas
las nubes de la tarde, como barcas perdidas
que escondieran estrellas rotas en sus bodegas.
Y la muerte del mundo cae sobre mi vida.
del cielo se abre como una boca de muerto.
Tiene mi corazón un llanto de princesa
olvidada en el fondo de un palacio desierto.
Tengo miedo -Y me siento tan cansado y pequeño
que reflejo la tarde sin meditar en ella.
(En mi cabeza enferma no ha de caber un sueño
así como en el cielo no ha cabido una estrella.)
Sin embargo en mis ojos una pregunta existe
y hay un grito en mi boca que mi boca no grita.
¡No hay oído en la tierra que oiga mi queja triste
abandonada en medio de la tierra infinita!
Se muere el universo de una calma agonía
sin la fiesta del Sol o el crepúsculo verde.
Agoniza Saturno como una pena mía,
la Tierra es una fruta negra que el cielo muerde.
Y por la vastedad del vacío van ciegas
las nubes de la tarde, como barcas perdidas
que escondieran estrellas rotas en sus bodegas.
Y la muerte del mundo cae sobre mi vida.
Neruda.
Fui obligada cruelmente a dejar mi rutina naturista de agüitas de lo que sea para calmarme por motivos que el doctor llamó de "salud mental". Fui amordazada y atada a una receta médica de fluoxetina y alprazolam, y detesto siquiera la idea. Señor doctor, sus dopes no sanarán mi mente, sólo la aturdirán o acelerarán. Mi mente se sanará de una manera en la que usted ni sus recetitas podrían hacerlo, por ende, las pastillas entregadas quedaron bien perdidas e ignoradas. No me importan sus diagnósticos mamones en los que resuena el pánico, la agorafobia, la depresión ni la ansiedad. ¿Sabe qué hice con su interconsulta? un avioncito de papel. ¿Le agrada la seriedad con la que me tomé la idea?
De todas maneras, tengo miedo. No quiero volver a ser eso que fui, no quiero volver a quedarme dormida sintiendo los quimicos en mi cuerpo, ni sentir a medias el frio de la cerámica del baño en mi rostro mientras todas las luces en mi mente se apagan. No quiero, no puedo, tengo mucho que perder. Esta es una carta de auxilio para no sé quién, me leo y me doy pena otra vez. Tengo que dejar constancia de que si llego a ser (o a hacer) algo no fue mi intención. Yo soy feliz, lo crean o no. Soy feliz, es sólo que a veces soy un poco debil...
De todas maneras, tengo miedo. No quiero volver a ser eso que fui, no quiero volver a quedarme dormida sintiendo los quimicos en mi cuerpo, ni sentir a medias el frio de la cerámica del baño en mi rostro mientras todas las luces en mi mente se apagan. No quiero, no puedo, tengo mucho que perder. Esta es una carta de auxilio para no sé quién, me leo y me doy pena otra vez. Tengo que dejar constancia de que si llego a ser (o a hacer) algo no fue mi intención. Yo soy feliz, lo crean o no. Soy feliz, es sólo que a veces soy un poco debil...
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viernes, 4 de junio de 2010
almost done.
aunque metafísicamente siento que ya viene,
que es imposible que no explote con tanta cosa dentro.
Acepto trepanaciones caritativas.
Supongo que...voy y vuelvo.
que es imposible que no explote con tanta cosa dentro.
Acepto trepanaciones caritativas.
Supongo que...voy y vuelvo.
miércoles, 5 de mayo de 2010
rios metafísicos de lluvia metafísica
La lluvia en Santiago no es la misma que en otras partes, no es la misma sensación caminar por un asfalto que se pinta mas oscuro de a poquito, puntito a puntito y luego es como si la lluvia perforara la piel y llegara a enfriar el pecho, es un frío que necesita un "algo", necesita recurrir a algo, a un alguien, a un torniquete que ayude a detener la lluvia que empieza a surgir en el pecho, a veces es una tormenta, a veces un leve llanto, a veces una paradójica sonrisa triste...no es lo mismo ver como llueve en Santiago, uno "necesita" mucho más cuando llueve en Santiago, de noche, así de fuerte, no importa si dura un par de segundos. La melancolía es uno de los venenos más rápidos.
Según yo, todo en Santiago tiene una carga adicional del soledad. O seré yo nomás?
De todas formas, no es tan grande el vacío (ahora). Sé los nombres que debo decir, la retahíla completa que debo recitar cuando la lluvia me duele. He encontrado mi propio torniquete, hecho de nombres, de pañitos de colores, de nubes de azúcar. Y por eso no necesito mayor paraguas que mi acervo de momentos felices, mi paraguas de parchecuritas, mi escudito contra mis fantasmas.
Espero que algún día la lluvia pueda ser algo completamente feliz para mí. Aunque aquel día sabré que sin duda todo en mí se ha invertido.
Según yo, todo en Santiago tiene una carga adicional del soledad. O seré yo nomás?
De todas formas, no es tan grande el vacío (ahora). Sé los nombres que debo decir, la retahíla completa que debo recitar cuando la lluvia me duele. He encontrado mi propio torniquete, hecho de nombres, de pañitos de colores, de nubes de azúcar. Y por eso no necesito mayor paraguas que mi acervo de momentos felices, mi paraguas de parchecuritas, mi escudito contra mis fantasmas.
Espero que algún día la lluvia pueda ser algo completamente feliz para mí. Aunque aquel día sabré que sin duda todo en mí se ha invertido.
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viernes, 19 de marzo de 2010
la loca de mierda.
Hablando de eso, de los re-algo, recordé una estupidez. Tuve un encuentro con mis conmiseraciones, vaya un reencuentro emotivo.
Como muestra, un botón:
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viernes, 3 de octubre de 2008
existencia espumosa
Hay días en que la falta de voluntad me la gana. En que me siento completamente negligente de capacidades y siento que algo de mi poco a poco se va deshaciendo. Me siento tan vacía, con una vida tan frágil y leve, con una importancia nula en el espacio. A veces trato de ser más que esto que me siento y es como si desde dentro de mi cascarón tratara de impulsar que este sea más fuerte y no se rompiera al más leve intento, con resultados letales para mi integridad. Pero no he podido. Sigo sientiéndome volátil e inexorablemente frágil.
Entonces mi mentada fragilidad comienza a vagar entre las excusas, entre las salidas posibles y los escondites. Y voy en declive, destiñiéndome entre la gente que circula indiferente, transformándome a lo incorpóreo que mi mente busca ser, y por lo tanto, mi cuerpo también. Voy buscando la posibilidad de detenerme en el camino a tomar aire, a mover un rato las piernas, bajándome de este movil que pocas veces se detiene, que muchos llaman como existencia o vida. Me canso de la agitación y del hacinamiento que hay en ese movil que me arrastra rápidamente al ocaso de mis años, sin piedad alguna con una velocidad terrible, avanza en el tiempo y quiero marcharme, ser inmortal como el viento, o tan mortal como la espuma, vivir tan poco como para ni siquiera darme cuenta. Y en el avance vertiginoso veo como la gente muere a mi lado, igual de hacinada, casi tan inmóvil como yo, con sus mentes un poco más grises que la mía. Y sus cuerpos se olvidan, desvanecidos en el espacio de la existencia. Entonces se presenta el salvador escape, aunque no escaso de perjuicios. El décimo piso al vacío, las mil técnicas de cómo desaparecer completamente. Pero tampoco es la idea, quiero volver. A veces.
Entonces me entrego a los escapes, entonces me trato de esconder de mí, me vicio. Y hay que elegir entre el vicio de amor o el vicio de otras cosas (igualmente tóxicas). El amor va y viene. Y cuando se va, nos quedamos solos con lo otro (que se vale por sí mismo, entonces es un recurso interminable, para alegria de muchos). Y a veces el amor nunca viene, sólo se va. Entonces, dejo al amor y al desamor en la existencia donde sería el único lugar donde podría existir con sus complejidades.
Allá afuera sólo me explico como espuma y una espuma no ama, para ser más exacto. Y me entrego a lo miserable.
Para olvidar la existencia, toda la gente marchita, la que está en el mundo para marchitar, la gente que hay por marchitar y que algún dia, irremediablemente perderán su belleza de flores y sólo serán abono. No niego que es bello ser flor, que es maravilloso estar ahí, feliz de vivir, con colores radiantes, con listones de color en el cabello y pastizales esperando nuestras risas. Pero, vamos. La alegría no perdura, es sabido. Así que si llega a salir en mi mano en el póker del todo o nada, no la jugaría. Para qué perder el tiempo, uno por naturaleza tiende a llorar como primer impulso, y tiende a morir en el último. Para qué ser optimista si el final es siempre el mismo.
Entonces salgo de la existencia y busco un licor que me entregue la levedad que tanto busco a cambio de mi memoria, mi consciencia y hasta mi dignidad. Deseo intoxicar mi alma, mi brevedad existente, mi falta de capacidades, mi negligencia como mi dueña. Busco cigarros que hagan que mis añoranzas tontas se pierdan entre el humo mortífero. Desprovista de dignidad y memoria, de añoranzas a la existencia, de amor y desamores.
Y fuera de la existencia, estoy completa. Perdida. Con un sabor amargo en la boca, desagradable y problemáticamente feliz, dejando mi cuerpo tejido a tejido dentro de mi tumba. Suicidándome órgano por órgano, lentamente. Despidiéndome del mundo en donde no hay nadie que reciba mi renuncia. Y miro dentro de mí y hay sólo aire. Está o muy oscuro o muy claro y ya no hay nada para ver (o que quiera ser visto). Y despierto existiendo, sofocada por la gente a mi lado. Con dolor de cabeza y de recuerdos vuelvo a acostumbrarme al ritmo y vuelvo a ser lo mismo que la vida quiere que yo sea. Dependiendo del tiempo imborrable, de la circunstancia ineludible y el castigo por vivir.
Entonces mi mentada fragilidad comienza a vagar entre las excusas, entre las salidas posibles y los escondites. Y voy en declive, destiñiéndome entre la gente que circula indiferente, transformándome a lo incorpóreo que mi mente busca ser, y por lo tanto, mi cuerpo también. Voy buscando la posibilidad de detenerme en el camino a tomar aire, a mover un rato las piernas, bajándome de este movil que pocas veces se detiene, que muchos llaman como existencia o vida. Me canso de la agitación y del hacinamiento que hay en ese movil que me arrastra rápidamente al ocaso de mis años, sin piedad alguna con una velocidad terrible, avanza en el tiempo y quiero marcharme, ser inmortal como el viento, o tan mortal como la espuma, vivir tan poco como para ni siquiera darme cuenta. Y en el avance vertiginoso veo como la gente muere a mi lado, igual de hacinada, casi tan inmóvil como yo, con sus mentes un poco más grises que la mía. Y sus cuerpos se olvidan, desvanecidos en el espacio de la existencia. Entonces se presenta el salvador escape, aunque no escaso de perjuicios. El décimo piso al vacío, las mil técnicas de cómo desaparecer completamente. Pero tampoco es la idea, quiero volver. A veces.
Entonces me entrego a los escapes, entonces me trato de esconder de mí, me vicio. Y hay que elegir entre el vicio de amor o el vicio de otras cosas (igualmente tóxicas). El amor va y viene. Y cuando se va, nos quedamos solos con lo otro (que se vale por sí mismo, entonces es un recurso interminable, para alegria de muchos). Y a veces el amor nunca viene, sólo se va. Entonces, dejo al amor y al desamor en la existencia donde sería el único lugar donde podría existir con sus complejidades.
Allá afuera sólo me explico como espuma y una espuma no ama, para ser más exacto. Y me entrego a lo miserable.
Para olvidar la existencia, toda la gente marchita, la que está en el mundo para marchitar, la gente que hay por marchitar y que algún dia, irremediablemente perderán su belleza de flores y sólo serán abono. No niego que es bello ser flor, que es maravilloso estar ahí, feliz de vivir, con colores radiantes, con listones de color en el cabello y pastizales esperando nuestras risas. Pero, vamos. La alegría no perdura, es sabido. Así que si llega a salir en mi mano en el póker del todo o nada, no la jugaría. Para qué perder el tiempo, uno por naturaleza tiende a llorar como primer impulso, y tiende a morir en el último. Para qué ser optimista si el final es siempre el mismo.
Entonces salgo de la existencia y busco un licor que me entregue la levedad que tanto busco a cambio de mi memoria, mi consciencia y hasta mi dignidad. Deseo intoxicar mi alma, mi brevedad existente, mi falta de capacidades, mi negligencia como mi dueña. Busco cigarros que hagan que mis añoranzas tontas se pierdan entre el humo mortífero. Desprovista de dignidad y memoria, de añoranzas a la existencia, de amor y desamores.
Y fuera de la existencia, estoy completa. Perdida. Con un sabor amargo en la boca, desagradable y problemáticamente feliz, dejando mi cuerpo tejido a tejido dentro de mi tumba. Suicidándome órgano por órgano, lentamente. Despidiéndome del mundo en donde no hay nadie que reciba mi renuncia. Y miro dentro de mí y hay sólo aire. Está o muy oscuro o muy claro y ya no hay nada para ver (o que quiera ser visto). Y despierto existiendo, sofocada por la gente a mi lado. Con dolor de cabeza y de recuerdos vuelvo a acostumbrarme al ritmo y vuelvo a ser lo mismo que la vida quiere que yo sea. Dependiendo del tiempo imborrable, de la circunstancia ineludible y el castigo por vivir.
viernes, 21 de septiembre de 2007
cincuenta y seis segundos.
Me da con la lesera de seguir sintiendo que algo tengo que hacer por aquí. Por más que me pregunten de qué se trata esto de estar frente a esa puerta cerrada, no logro fundamentar de una buena manera qué me ata a este lugar. Hace algún tiempo alguien me dijo que ahí dentro había algo para mí. Y fue suficiente como para mantenerme aquí. Es como si el tiempo no pasara. La gente envejece, la gente muere y otros nacen y desde aquí todo se hace tan ajeno, he logrado olvidar que soy parte de ellos. Pero cuando miro mi ropa (la misma ropa que llevo desde que me senté aquí hace como unos once años) que se rompe como si fuera papel mojado y siento que mi cuerpo ha sido corrompido por el tiempo me doy vergüenza y pido porfavor que nadie me encuentre así. No soy digna de los vívidos ojos humanos que veo en ustedes, a veces siento que para mí no es digno respirar y la autoflagelación se hace insoportable.
La incertidumbre me tiene aquí. No me ha pasado nada bueno en años, y por eso espero a que lo que sea que allí dentro esté sea algo que me haga bien. Persevero a través de la incertidumbre, a veces leo el horóscopo esperando que las cosas pasen o, en el peor de los casos, que alguien me lleve de aquí porque sola no puedo levantarme. Me siento tan inferior a ustedes, que ostentan sus vidas y sus ganas de vivir, de decir “estoy aquí, OH, DIOS, ESTOY AQUÍ”.
Pero no son lo suficientemente atractivos, sin duda me siento como una inválida mirando una carrera de atletismo, sobretodo en primavera. Me gustaría tener un botón el cual, al apretarlo, tenga la capacidad de reventar los cráneos que yo quiera. Y quizás así sería más justo. La maldita primavera me tiene en procesión una vez más, caminando lastimosamente frente al amor, y este famoso sentimiento se muestra como un César y no duda en echarme a luchar aún en mi humilde estado, sólo quiere mi sangre porque he abusado. Los dioses se dan cuenta de mi hybris y me castigan.
Ya no podré estar tranquila en una plaza nunca más. Si no son los aromos en flor y la alergia, son los tórtolos que se ensalivan afanosamente frente a mí. No puedo evitar mirarlos porque, por la cresta, soy voyerista. Y por más que los mire ya no les molesta. Todo lo contrario. Por eso quiero ese botón. Y hasta me da risa. Me he amargado tanto. Antes les sonreía, ahora no puedo evitar mostrar la mueca de asco en mi boca. Y ya ni me entiendo. Para nada.
Y me doy risa porque guardo una ilusa a flor de piel. Esa ilusa que creyó en el número cincuenta y seis y en un montón de hueás más. Esa ilusa que me mantiene aquí. Pero la puerta no se abre. Ni mis llantos pueriles ni mis gritos adolescentes han logrado siquiera que se entreabra y me dé un poco de luz. Así que me convierto en una perra de las peores aunque sea en sueños. Y sueño que soy la peor puta y así no sufro, ni siento. Lo lamentable es que recuerdo. Me acuerdo de los sueños aún en fragmentos y es molesto. Es molesto porque la que ve esas imágenes al fin y al cabo es la ilusa. Y es un problema mas o menos grave. Mis crisis de pánico volvieron. Y esa puerta no se abre. Mi sicología se va a la mierda. Y esa puerta está cerrada todavía.
La incertidumbre me tiene aquí. No me ha pasado nada bueno en años, y por eso espero a que lo que sea que allí dentro esté sea algo que me haga bien. Persevero a través de la incertidumbre, a veces leo el horóscopo esperando que las cosas pasen o, en el peor de los casos, que alguien me lleve de aquí porque sola no puedo levantarme. Me siento tan inferior a ustedes, que ostentan sus vidas y sus ganas de vivir, de decir “estoy aquí, OH, DIOS, ESTOY AQUÍ”.
Pero no son lo suficientemente atractivos, sin duda me siento como una inválida mirando una carrera de atletismo, sobretodo en primavera. Me gustaría tener un botón el cual, al apretarlo, tenga la capacidad de reventar los cráneos que yo quiera. Y quizás así sería más justo. La maldita primavera me tiene en procesión una vez más, caminando lastimosamente frente al amor, y este famoso sentimiento se muestra como un César y no duda en echarme a luchar aún en mi humilde estado, sólo quiere mi sangre porque he abusado. Los dioses se dan cuenta de mi hybris y me castigan.
Ya no podré estar tranquila en una plaza nunca más. Si no son los aromos en flor y la alergia, son los tórtolos que se ensalivan afanosamente frente a mí. No puedo evitar mirarlos porque, por la cresta, soy voyerista. Y por más que los mire ya no les molesta. Todo lo contrario. Por eso quiero ese botón. Y hasta me da risa. Me he amargado tanto. Antes les sonreía, ahora no puedo evitar mostrar la mueca de asco en mi boca. Y ya ni me entiendo. Para nada.
Y me doy risa porque guardo una ilusa a flor de piel. Esa ilusa que creyó en el número cincuenta y seis y en un montón de hueás más. Esa ilusa que me mantiene aquí. Pero la puerta no se abre. Ni mis llantos pueriles ni mis gritos adolescentes han logrado siquiera que se entreabra y me dé un poco de luz. Así que me convierto en una perra de las peores aunque sea en sueños. Y sueño que soy la peor puta y así no sufro, ni siento. Lo lamentable es que recuerdo. Me acuerdo de los sueños aún en fragmentos y es molesto. Es molesto porque la que ve esas imágenes al fin y al cabo es la ilusa. Y es un problema mas o menos grave. Mis crisis de pánico volvieron. Y esa puerta no se abre. Mi sicología se va a la mierda. Y esa puerta está cerrada todavía.
lunes, 12 de marzo de 2007
relatito.
Último día de las vacaciones que supongo serán las últimas que tendré en el ámbito adolescente-escolar. No es nada en especial por el momento, a veces me da por pensar que me tengo que esforzar este año y a veces pienso que en el fondo me da lo mismo con tal de quedar en lo que me gusta :/ no quiero ser puntaje nacional ni terminar tirándome de algún edificio por el estrés de pensar esa clase de cosas, nah.
Pero me gustaría decir que este año no podré preocuparme ni ocuparme de nadie. Es que este es mi último año con menos posibilidades de fracasar y pienso tirármelas todo mi tiempo libre (aunque no ‘las’ tenga, es una mala suerte que esa sea una expresión meramente masculina, pero se entiende la figura supongo), la cosa es que quiero evitar el estrés que ya dije y pienso electrocutar mis neuronas lo suficiente como para mí solita, cosas precisas y concisas (sí, estoy siendo egoísta y qué tanto). Así que todo aquel que quiera venir a dar zuko le regalo de antemano un palo en la cabeza. Así de fácil, quiero estar tranquila este año al menos, ese es mi proyecto y ay del que venga con críticas porque ando como fanática de la tontera impulsiva y de más que termina con escupo en la cara como mínimo. Y aunque me quede sola solita y sola (y quizás ya sea hora de que me dejen ir al baile sola, solita y sola, solita y sola, que deje el teléfono de donde voy a estar) ese es el punto. Y a los que saben que los quiero les digo que ahora los quiero más porque cuando una está reacia a pensar mucho quiere más a la gente, parece. Ahora me doy un poco cuenta de eso, quizás.
Pero me gustaría decir que este año no podré preocuparme ni ocuparme de nadie. Es que este es mi último año con menos posibilidades de fracasar y pienso tirármelas todo mi tiempo libre (aunque no ‘las’ tenga, es una mala suerte que esa sea una expresión meramente masculina, pero se entiende la figura supongo), la cosa es que quiero evitar el estrés que ya dije y pienso electrocutar mis neuronas lo suficiente como para mí solita, cosas precisas y concisas (sí, estoy siendo egoísta y qué tanto). Así que todo aquel que quiera venir a dar zuko le regalo de antemano un palo en la cabeza. Así de fácil, quiero estar tranquila este año al menos, ese es mi proyecto y ay del que venga con críticas porque ando como fanática de la tontera impulsiva y de más que termina con escupo en la cara como mínimo. Y aunque me quede sola solita y sola (y quizás ya sea hora de que me dejen ir al baile sola, solita y sola, solita y sola, que deje el teléfono de donde voy a estar) ese es el punto. Y a los que saben que los quiero les digo que ahora los quiero más porque cuando una está reacia a pensar mucho quiere más a la gente, parece. Ahora me doy un poco cuenta de eso, quizás.
jueves, 8 de marzo de 2007
por detrás
No sé qué pretendo teniendo un blog, no sé qué saco viniendo aquí y ponerme a hablar tonteras. Quizás sea por respeto a esa personas que me han preguntado por mis avances escritos y esas cosas, pero a la vez quizás me esté faltando al respeto en mis propias aspiraciones literarias, el venir aquí y darme cuenta de que ya nada me inspira para escribir alguna novela-tonta-adolescente o esos micro-cuentos que guardé en algún tiempo en un cuaderno extinto que eliminé por razones obvias, todo lo que había ahí era algo absoluto de momento y nada de eso tenía proyecciones de servicio futuro, es decir, tenía que morir, no pensaba dejarme atropellar por mi pasado un poco más brillante en esto de que se le ocurran las cosas a una. Hablando con la gente que visto que el factor enamoramiento es un gran punto al momento de ponerse a escribir cosas que busquen una coherencia al menos momentánea...y bien, yo he rechazado ese factor de plano, por una cosa de huelga cerebral, y en verdad casi-íntegra al ponerme a revisar en mi sistema personal y darme cuenta de que no-quiero-nada-con-eso, a excepción de ciertas cosas que no vienen al caso, si nos ponemos a hablar de eso. Y, cuando ese factor no está, kaputt, se murió, la gente se pone a pensar en cosas menos-del-corazón, cosas más-de-la-vida y todo el mundo sabe que de reflexiones de la vida están llenas las bibliotecas, los abuelitos, etc. Y donde uno vaya va a haber una biblioteca o un abuelito dispuesto a contar sus reflexiones (y digo biblioteca para evitar la redundancia de decir que en esas bibliotecas están llenas de escritos de abuelitos que ya están muertos, a veces no, a veces sí, pero da igual...en algún momento son abuelitos, exceptuando a los poetas malditos que también decían cosas de la vida que es caso aparte porque no-se-ha-comprobado que los muertos envejezcan, por decirlo así en todo caso es igual). Y es lamentable porque es como la plenitud de la vida cuando una se pone a pensar cosas de la vida y es justo en esta etapa de adolescencia cuando una se hace esas preguntas y es tan complicado y tan genial cuando llega la respuesta y es como ganarse una caja de chocman pero cuando una va y la cuenta o la hace visible la gente te mira y después de hacer un sonido de reloj con la boca dice "es una etapa, ya vas a ver" y una agacha la cabeza y se va caminando despacito de pura pena nomás y mirando las paredes por mirar algo. No sé si habrá más gente que le haya pasado eso de mirar las paredes, al menos a mí no me pasa tanto, yo chuteo hojas porque casi siempre pasa en otoño cuando me pongo filosófica entonces hay hartas hojas o las piso que es tan recontra-bacán. Así, las cosas con esto de andar escribiendo, quizás esto después se lea con más paciencia, un compilado y se vea como una novela entre pregúntale a Alicia y la otra Alicia pero esa es más conocida como una película, no sé qué capacidad connotativa tendrá la persona que lee pero en realidad, punto aparte, aparte, aparte. Ya voy a entrar a cuarto medio, me da flojera absoluta estudiar matemática y tengo ese libro ahí mirándome y me da cualquier miedo porque en la noche sueño que le salen ojos y boca como en los comics de los libros del estado que suelen dar en el colegio pero este no es un libro feliz sino un libro-de-matemática-con-puros-números y se instala ahí en la puerta y me dice "no te irás hasta que cambies a Cortázar por Pitágoras y a Garcilaso de la Vega por Euclídes", cosas así y yo despierto con una cosa en el pecho y me dan ganas de pescar el libro y mandarlo a la punta del cerro, pero le hablo bajito al libro de lenguaje y al libro de historia para que lo afirmen cuando me quiera asfixiar.
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